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jueves, 1 de octubre de 2026

Más allá de las cataratas: Foz do Iguaçu entre templos y miradores

Foz do Iguaçu no es solo la antesala brasileña de las cataratas: es una ciudad fronteriza con una identidad multicultural que se lee muy bien en sus templos. La catedral católica del centro, la gran mezquita de la comunidad árabe y el sereno templo budista forman un pequeño “triángulo espiritual” perfecto para entender la diversidad de la Triple Frontera sin salir del área urbana. 

Catedral de São João Batista: el corazón histórico del centro

La Catedral de São João Batista (Catedral de San Juan Bautista) ocupa una manzana entera en el centro de Foz, sobre la avenida Jorge Schimmelpfeng, y funciona como referencia visual y simbólica de la ciudad desde hace casi un siglo. 


Historia en breve: el primer templo católico fue una pequeña capilla de madera de los años 20, destruida por un incendio en 1925. La iglesia de ladrillo que vemos hoy se construyó lentamente a lo largo de varias décadas, con interrupciones por falta de fondos, y su torre de campanas se terminó a principios de los 50. 

Mezquita Omar Ibn Al-Khattab: el símbolo de la comunidad árabe

Foz alberga la segunda comunidad árabe más grande de Brasil, con miles de inmigrantes y descendientes, y la Mezquita Omar Ibn Al-Khattab es su emblema más visible: una construcción blanca, de cúpula imponente y dos minaretes, que domina el barrio Jardim Central. 


Significado cultural: inaugurada como centro islámico en los años 80 y abierta al público desde finales de los 90, la mezquita busca mostrar una imagen del islam alejada de estereotipos, con visitas guiadas que explican ritos, arquitectura y la historia de la comunidad en la Triple Frontera. 

Qué se ve por dentro: salas de oración amplias y luminosas, decoración geométrica y caligráfica, espacios educativos y, en algunas visitas, explicaciones sobre las cinco oraciones diarias, el Ramadán y la vida cotidiana de los musulmanes en Brasil. 

Templo Budista Chen Tien: jardines, estatuas y vistas panorámicas

El Templo Budista Chen Tien (a veces llamado simplemente “Templo Budista de Foz”) se asienta en una zona elevada cerca del río Paraná, en el barrio Cognópolis, y ofrece una experiencia muy distinta: silencio, jardines cuidados y una colección de estatuas que invitan a pasear despacio. 


Origen y ambiente: fundado en los años 90 por monjes e inmigrantes, principalmente de Taiwán, el templo combina arquitectura tradicional oriental con un entorno natural trabajado como un gran jardín contemplativo. 

Qué destacar:

Un Buda de unos 7 metros de altura que se convierte en el punto focal del conjunto.

Numerosas estatuas de bodhisattvas, guardianes y figuras simbólicas repartidas entre senderos y escalinatas.



Vistas panorámicas hacia Foz y, en días claros, hacia Ciudad del Este (Paraguay), lo que lo convierte también en un mirador poco convencional. 

Puedes combinar esta ruta con otros planes urbanos como el Parque das Aves, la Represa de Itaipu o una tarde de compras en Ciudad del Este, pero los tres templos por sí solos ya ofrecen un relato muy claro de la diversidad religiosa y cultural de Foz do Iguaçu.

lunes, 28 de septiembre de 2026

Iguazú a dos voces: la inmersión argentina y la mirada brasileña

Las cataratas del Iguazú se reparten entre Argentina y Brasil, y cada lado ofrece una experiencia distinta: Argentina te pone “dentro” de las caídas, con muchos senderos y pasarelas; Brasil te da la vista panorámica más espectacular del conjunto. 

Lado argentino: inmersión total entre las cataratas

El lado argentino (Parque Nacional Iguazú, desde Puerto Iguazú) concentra alrededor del 80% de las casi 275 caídas individuales y cuenta con una red extensa de circuitos peatonales. 

Circuitos principales:

-Circuito Superior: pasarelas elevadas desde las que ves las cataratas desde arriba y cruzas por encima de algunas caídas. 





-Circuito Inferior: senderos más bajos que te acercan al nivel del agua, con vistas frontales y laterales a varias cataratas. 



-Pasarela a la Garganta del Diablo: un largo puente que termina justo en el borde de la caída más poderosa, con una sensación de vértigo y ruido intenso. En el momento de la visita estaba cerrada porque dada la cantidad de agua que llevan ahora mismo las cataratas como consecuencia de las  lluvias torrenciales del Niño, parte de la pasarela se vino abajo y ahora mismo está cortado el paso.

-Experiencia: es más física y larga (se suele dedicar un día completo, 5–8 horas), con muchos kilómetros de pasarelas (más de 12 km en total) y la posibilidad de ver de cerca numerosas caídas, islas y rincones del sistema. 

-Actividades extra: desde el lado argentino se hacen con frecuencia los famosos paseos en lancha que te meten bajo las cataratas (como el “Gran Aventura”), además de senderos en la selva y avistamiento de fauna (coatíes, tucanes, etc.). 

Lado brasileño: la gran postal panorámica

 El lado brasileño (Parque Nacional do Iguaçu, desde Foz do Iguaçu) tiene solo alrededor del 20% de las caídas, pero está orientado de cara al “muro” argentino, lo que permite ver el sistema completo de frente. 

Sendero principal: la Trilha das Cataratas, un camino pavimentado de unos 1,2–1,4 km (ida) con pasarelas y miradores que avanzan junto al cañón. 

Experiencia visual: a medida que avanzas, la vista se va abriendo hasta ofrecer una panorámica continua de gran parte de las cataratas argentinas y, sobre todo, de la Garganta del Diablo vista desde abajo y de frente. 

Duración: se puede recorrer cómodamente en medio día (2–3 horas), con un recorrido más corto, más plano y muy accesible. 

Extras: desde Brasil es más habitual ofrecer paseos en helicóptero sobre las cataratas, que dan una perspectiva aérea única del conjunto.

¿Cuál elegir (o si hacer los dos)?

-Si solo puedes visitar un lado y prefieres vivir las cataratas de cerca, con mucho senderismo y sensación de aventura, elige Argentina. 

-Si quieres la mejor foto panorámica, entender la escala total del sistema y dedicar menos tiempo, elige Brasil. 

Lo ideal, si tu itinerario lo permite, es hacer los dos lados en días distintos: Brasil para la visión de conjunto y Argentina para la experiencia inmersiva; no son repetitivos, sino complementarios.Yo hice los dos y no sé cual elegir porque me encantaron los dos.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Río de Janeiro: el viaje que soñé durante años

Después de años imaginándolo, por fin pisé Río de Janeiro. La ciudad me recibió con esa mezcla de naturaleza desbordante, arte urbano y contrastes sociales que había leído una y otra vez, pero que solo cobran sentido cuando estás allí.


El Cristo del Corcovado, primera postal en vivo

Subir al Corcovado fue como cumplir un ritual. El Cristo Redentor (Cristo Redentor), esa estatua art déco de Jesús con los brazos abiertos, se alza a 2.300 pies (unos 700 m) sobre el nivel del mar en la cima del Corcovado, dentro del Parque Nacional de Tijuca. La vista desde la plataforma abarca la bahía de Guanabara, la selva urbana y, si el día está claro, el perfil de la ciudad entera.

El acceso se hace en tren de cremallera o en furgonetas oficiales, con horarios que suelen ir de 8:00 a 18:00/19:00 según la época, y conviene reservar con antelación, sobre todo para el atardecer. En la cima, el viento, el murmullo de varios idiomas y la sensación de estar “sobre” Río hacen que los años de espera se disuelvan en minutos.


Copacabana: olas de piedra, esculturas de arena y arte en el paseo

Copacabana no es solo una playa; es un escenario urbano de 4 km con un paseo marítimo que es obra de arte en sí mismo. El icónico dibujo de olas en blanco y negro es un ejemplo de calçada portuguesa, rediseñado en los años 70 por el paisajista Roberto Burle Marx, quien alargó las curvas y las alineó con el mar.


Esculturas de arena del Cristo en la playa

En la arena, artistas locales crean esculturas efímeras del Cristo del Corcovado que se convierten en punto de encuentro y en símbolo de esa Río artesanal y espontánea. No están en ningún mapa oficial, pero aparecen y desaparecen con las mareas y el sol, recordando que la ciudad también se construye con las manos y con el tiempo breve.



Estatuas en el paseo: Ayrton Senna, Dorival Caymmi y “O Músico”

A lo largo de la Avenida Atlântica, el paseo marítimo de Copacabana rinde homenaje a figuras clave de la cultura y el deporte brasileños. Entre ellas destacan:

La estatua de Dorival Caymmi, compositor esencial de la música brasileña, situada cerca del Posto 6, junto a la colonia de pescadores.


Monumentos y referencias a Ayrton Senna, el legendario piloto de Fórmula 1, integrados en el paisaje urbano de la zona sur (hay avenidas y espacios que llevan su nombre y en algunos recorridos turísticos se incluyen paradas vinculadas a su figura).


La estatua conocida como “O Músico”, que representa a un intérprete popular y refuerza la identidad musical del paseo, en sintonía con la Bossa Nova y la vida de playa.


Caminar por ese paseo es leer una biografía colectiva de Río: deporte, música, playa y memoria.

La Escadaria Selarón: un homenaje de azulejos entre Lapa y Santa Teresa

La Escadaria Selarón es, probablemente, uno de los rincones más fotogénicos y con más alma de Río. Se trata de una escalera urbana de 125 metros que une los barrios de Lapa y Santa Teresa, recubierta con más de 2.000 azulejos de colores procedentes de decenas de países.


El artista chileno Jorge Selarón comenzó a intervenirla en 1990 y trabajó en ella hasta su muerte en 2013, tratando la escalera como una obra viva, a la que añadía, retiraba y reordenaba piezas constantemente. Los colores predominantes (verde, amarillo y azul) evocan la bandera brasileña, pero entre ellos aparecen banderas de otros países, nombres de ciudades, animales y escenas que convierten la escalera en un mapa del mundo hecho cerámica. Subirla despacio, tocando los azulejos y leyendo pequeños detalles, es entender Río como ciudad de acogida y de intercambios.


Hay muchas losetas dedicadas a distintos países y buscando encontré algunas de Sevilla



Pan de Azúcar y el teleferico: Río desde el granito

Si el Corcovado es el icono espiritual, el Pan de Azúcar (Pão de Açúcar) es el mirador geológico. Este monolito de granito de 396 m se alza en la entrada de la bahía de Guanabara, en el barrio de Urca. El teleferico (Bondinho) sube en dos etapas: primero al Morro da Urca y luego a la cima del Pan de Azúcar, ofreciendo vistas de la bahía, las playas del sur, el centro y, al fondo, el Corcovado con el Cristo.



Desde arriba, la ciudad se lee como un plano: la curva de Copacabana, la boca de la bahía, los barcos, las islas y, en días claros, el horizonte del Atlántico. El viaje en cabina de cristal es parte del espectáculo: la ciudad se va abriendo bajo los pies mientras se asciende.

La Catedral Metropolitana: una pirámide moderna en el centro

En pleno centro, la Catedral Metropolitana de São Sebastião rompe con la imagen tradicional de iglesia. De estilo moderno, con forma de gran pirámide mayista de hormigón, fue inaugurada en 1979 y es uno de los edificios religiosos más singulares de América Latina.

En su interior, enormes vidrieras de colores filtran la luz y crean un ambiente casi teatral, mientras que la estructura desnuda y geométrica transmite una idea de modernidad y austeridad. Está abierta al público (generalmente de 7:00 a 17:00) y supone un contrapunto interesante a la religiosidad más clásica del Cristo del Corcovado.

Lagoa Rodrigo de Freitas: el espejo entre Ipanema y Leblon

La Lagoa Rodrigo de Freitas, conocida simplemente como “Lagoa”, es una laguna de agua salobre situada entre Ipanema y Leblon, a los pies del Corcovado y del Parque Lage. Su perímetro está rodeado de carriles para correr y pasear, zonas de picnic y clubes de remo, y en invierno incluso es posible ver flamencos en sus orillas.

Desde algunos puntos de la Lagoa se tienen vistas directas al Cristo del Corcovado, lo que la convierte en un lugar perfecto para combinar deporte, relax y postal. Al atardecer, la luz dorada sobre el agua y las siluetas de los ciclistas y corredores ofrecen una imagen de Río más cotidiana y menos turística, pero igualmente memorable.

Tijuca: una parque natural que parece una selva

La Floresta da Tijuca, en Río de Janeiro, es una de las mayores selvas urbanas del mundo: casi 4.000 hectáreas de Mata Atlántica recuperadas en el siglo XIX tras la tala para plantaciones de café. Por orden del emperador Pedro II, se plantaron cientos de miles de árboles nativos para proteger los manantiales que abastecían la ciudad, en uno de los primeros grandes reforestamientos tropicales. Hoy el parque nacional alberga picos emblemáticos como el Corcovado, protege biodiversidad única y recibe a millones de visitantes que recorren sus senderos entre la selva y las vistas de Río




Las favelas y la pobreza: la otra cara del “Rio Maravilha”

Río no se entiende sin hablar de sus favelas y de la desigualdad que las atraviesa. Barrios como Rocinha, Complexo do Alemão o Maré son parte estructural de la ciudad: asentamientos densos, en laderas o zonas periféricas, donde conviven redes de solidaridad vecinal con carencias de servicios básicos y altos niveles de inseguridad.

La pobreza en Río se manifiesta en viviendas precarias, acceso limitado a educación y salud de calidad, y en una brecha social muy visible cuando se comparan las zonas turísticas de la Zona Sur con muchas áreas de la Zona Norte y de la Baixada Fluminense. Las favelas también son espacios de cultura, música, emprendimiento y resistencia, pero la estigmatización y la violencia asociada al narcotráfico y a operaciones policiales marcan la vida diaria de sus habitantes.

Ver Río significa también reconocer que el mismo paisaje que admiran los turistas es, para muchas familias, el telón de fondo de una lucha diaria por dignidad y oportunidades. Cualquier relato honesto sobre la ciudad debe incluir esta realidad, sin reducirla a clichés ni a imágenes de miseria, sino entendiendo su complejidad social y política.

Un viaje que valió cada año de espera

Río de Janeiro me confirmó todo lo que había imaginado y mucho más: la fuerza simbólica del Cristo del Corcovado, la poesía del paseo de Copacabana con sus esculturas de arena y sus homenajes a Ayrton Senna, Dorival Caymmi y “O Músico”, el estallido de color de la Escadaria Selarón, la perspectiva casi aérea desde el Pan de Azúcar, la modernidad de la Catedral y la calma de la Lagoa.

Pero también me dejó una pregunta incómoda y necesaria: cómo recorrer tanta belleza sin apartar la mirada de las favelas y la pobreza que laten a su lado. Río, al final, es eso: un destello de maravilla atravesado por la contradicción, una ciudad que te desarma y te abraza al mismo tiempo.😊