En pleno Chamberí, la Fundación Casa de México en España transforma cada otoño su sede de la calle Alberto Aguilera en un espacio de memoria, color y música. Su Altar de Muertos 2026, titulado “¡Viva la vida!”, es una instalación gratuita dedicada al compositor Agustín Lara y inspirada en los cementerios de las montañas de Michoacán.
Un cementerio mexicano en Madrid
La novena edición del altar fue diseñada por la artista y diseñadora mexicana Beatriz Redo. Recrea un cementerio michoacano durante la noche del Día de Muertos, cuando las familias se reúnen para acompañar simbólicamente a sus seres queridos fallecidos.
La escalera central del edificio se convierte en el corazón de la instalación: velas, flores de cempasúchil, copal, alimentos, artesanías y mariposas monarca componen una escena que evoca el regreso de las almas. En Michoacán, la llegada de las monarcas entre finales de octubre y principios de noviembre se asocia tradicionalmente con las almas que vuelven al encuentro de los vivos.
Agustín Lara, el “Flaco de Oro”
El homenaje central está dedicado a Agustín Lara (1897-1970), célebre compositor mexicano conocido como “el Flaco de Oro”. Su figura aparece junto a un piano, rodeada de referencias a la época dorada del cine y la música mexicana, con personajes como Cantinflas, María Félix, Jorge Negrete, Vicente Fernández y Chavela Vargas.
La elección de Lara tiene además un vínculo especial con Madrid: su canción “Madrid” se convirtió en uno de los chotis más populares de la capital. Esa relación entre México y España atraviesa toda la propuesta y convierte la visita en un diálogo cultural, no solo en una exhibición decorativa.
Los símbolos de la ofrenda
El altar explica, mediante objetos y escenas, la lógica del Día de Muertos: no es una celebración triste, sino una forma de recordar con alegría a quienes ya no están. Entre sus elementos destacan:
-Flores de cempasúchil, cuyo color y aroma guían a las almas.
-Velas y copal, que iluminan y purifican el camino de regreso.
-Calaveras y catrinas, símbolos festivos de la muerte.
-Alimentos y bebidas favoritas de los difuntos, ofrecidos como recuerdo y cariño.
-Mariposas monarca, asociadas a las almas que regresan a casa.
-Música, presente este año por primera vez como parte del recorrido.
-También hay un espacio dedicado a las mascotas, con calacas de perros y gatos, una ampliación contemporánea y muy emotiva de la ofrenda tradicional.
Lo más valioso del altar de la Casa de México es que logra trasladar a Madrid una tradición viva: la muerte no aparece como ausencia, sino como continuidad del vínculo afectivo. Entre el cempasúchil, las velas y las canciones de Agustín Lara, la instalación invita a recordar a los propios seres queridos y a comprender que, en la cultura mexicana, honrar a los muertos es también celebrar la vida.




















.jpg)



































