miércoles, 10 de junio de 2026

Málaga y sus dioses marinos: arte que no pasa desapercibido

Desde hace apenas dos meses, el Puerto de Málaga cuenta con dos nuevas figuras que han generado tanto curiosidad como debate: Neptuno y Venus, también identificados como Poseidón y Afrodita, dos esculturas monumentales de bronce de ocho metros de altura instaladas en el entorno portuario. Ambas forman parte del conjunto escultórico “Las Columnas del Mar”, obra del artista ceutí Ginés Serrán, y han llamado la atención no solo por su tamaño, sino también por su estética y por la polémica que han suscitado desde su colocación.


Lejos de pasar desapercibidas, estas dos divinidades clásicas han convertido una parte del puerto en un escenario visual rotundo, casi escenográfico. Neptuno aparece acompañado de unas redes doradas, mientras que Venus se presenta con una bola dorada, dos elementos que refuerzan el carácter simbólico del conjunto y que han alimentado todavía más el debate en torno a la obra.

Un estreno reciente y muy comentado

La reciente instalación de estas esculturas explica en parte la intensidad de la reacción pública. No se trata de piezas integradas discretamente en el paisaje, sino de obras de gran formato, pensadas para ocupar espacio y dominar visualmente su entorno. En una ciudad tan acostumbrada a mirar al mar como Málaga, cualquier intervención de este tipo en el puerto adquiere enseguida una fuerte carga simbólica.

Precisamente por eso, la polémica ha surgido casi de inmediato. Hay quienes ven en ellas una apuesta valiente por el arte público contemporáneo y por una lectura mitológica del frente marítimo. Otros, en cambio, consideran que su escala y su estilo resultan excesivos o poco armónicos con el paisaje portuario. Esa división de opiniones forma parte, en realidad, de la propia vida de la obra.

Redes doradas y bola dorada

Uno de los rasgos más comentados es el tratamiento de las dos figuras. Neptuno, con sus redes doradas, remite de manera directa al mundo marino, a la pesca y al poder del océano. Venus, con su bola dorada, introduce una imagen más abstracta y simbólica, vinculada a la belleza, la plenitud y la idea de armonía.

Estos detalles contribuyen a que las esculturas no sean solo representaciones clásicas, sino también objetos de fuerte presencia visual. El dorado añade brillo, contraste y teatralidad, reforzando el carácter monumental del conjunto y convirtiéndolo en un foco de atención inmediata para quien pasea por la zona.

La polémica del arte público

El caso de estas esculturas vuelve a poner sobre la mesa una cuestión habitual en las ciudades: ¿qué lugar debe ocupar el arte contemporáneo en los espacios públicos? Cuando una obra se instala en un lugar tan visible como el puerto, no solo se expone al paisaje; también se expone al juicio ciudadano.

En ese sentido, “Las Columnas del Mar” ha conseguido algo que muchas obras buscan y pocas logran: convertirse en tema de conversación. La polémica no disminuye su valor artístico, pero sí evidencia que el arte público sigue siendo un terreno donde conviven emoción, sorpresa, crítica y controversia. Y eso, en el fondo, también forma parte de su función.

Málaga frente al mar y frente al arte

Málaga mantiene una relación muy especial con el mar, y el puerto es uno de los espacios donde esa identidad se hace más visible. La llegada de Neptuno y Venus añade una nueva capa a ese vínculo: la del mito, la del símbolo y la del debate estético. Las esculturas no solo decoran el entorno, sino que lo reinterpretan y lo convierten en un lugar de lectura cultural.

Más allá de gustos personales, su presencia confirma que el arte público sigue teniendo capacidad para provocar reacción. Y quizá esa sea precisamente su mayor virtud: obligar a mirar de nuevo un lugar que ya creíamos conocer.

Una obra que ya forma parte del paisaje

Instaladas hace solo dos meses, estas dos figuras monumentales han pasado en muy poco tiempo de ser una novedad a convertirse en uno de los elementos más comentados del Puerto de Málaga. Su tamaño, sus detalles dorados y su intención simbólica las han convertido en protagonistas de la conversación urbana.

Polémicas o admiradas, Neptuno y Venus ya forman parte de la imagen contemporánea del puerto. Y, como ocurre con las obras que realmente impactan, no dejan a nadie indiferente.

lunes, 8 de junio de 2026

Qué ver en Santa Pola: mar, historia y paisajes únicos

Santa Pola es uno de esos destinos de la Costa Blanca que sorprenden por la variedad de planes que ofrece. Aunque mucha gente la asocia solo con playa, en realidad combina patrimonio histórico, espacios naturales, miradores al mar y rincones muy ligados a su identidad marinera. Es un lugar perfecto para pasear, comer bien y descubrir una localidad con mucha personalidad.

El puerto, alma marinera de Santa Pola

El puerto es uno de los mejores lugares para empezar la visita, porque resume muy bien el carácter de Santa Pola. Aquí conviven la actividad pesquera, las embarcaciones de recreo y el ambiente de paseo que tanto atrae a vecinos y visitantes. Caminar por esta zona permite entender por qué el mar ha marcado la vida del municipio durante siglos.

Además, el puerto es un buen punto para sentarse a tomar algo, ver llegar los barcos y disfrutar del ambiente local. Si buscas una imagen auténtica de Santa Pola, este es uno de los escenarios más representativos.

El molino de Santa Pola

Otro de los símbolos más curiosos del municipio es el molino, una construcción muy vinculada al paisaje tradicional de la zona. Su silueta destaca y aporta un toque histórico y pintoresco que contrasta con el entorno costero. No es solo una parada fotográfica: también ayuda a conectar Santa Pola con su pasado agrícola y con la memoria de un territorio que ha vivido de muchas actividades, no solo del turismo.

Visitarlo suma un matiz diferente al recorrido, porque permite salir del típico circuito de playa y entrar en la parte más local y tranquila del pueblo.

El faro de Santa Pola

El faro es uno de los grandes imprescindibles de la visita. Situado en una zona elevada y con vistas amplias, ofrece una panorámica muy atractiva del litoral y del Mediterráneo. Es uno de esos lugares donde el paisaje gana protagonismo y donde apetece quedarse un rato simplemente contemplando el mar.

La zona del faro también es ideal para pasear al atardecer, cuando la luz suaviza el paisaje y la costa de Santa Pola muestra su lado más bonito. Para quien busca rincones con vistas, es una parada obligatoria.

Las salinas de Santa Pola

Las salinas son probablemente uno de los espacios más especiales del municipio. Este entorno natural no solo tiene valor paisajístico, sino también ecológico, ya que es refugio de numerosas aves, especialmente flamencos en determinadas épocas del año. El contraste entre el agua, la sal y el cielo crea una estampa muy característica de Santa Pola.

Pasear por esta zona permite descubrir una cara más tranquila y natural del destino. Es un lugar muy recomendable para quienes disfrutan observando aves, haciendo fotos o simplemente recorriendo espacios abiertos con personalidad propia.

La torre de Tamarit

La torre de Tamarit es otro punto imprescindible para completar la ruta. Esta antigua torre defensiva recuerda la importancia estratégica de la costa alicantina en otros siglos, cuando era necesario vigilar el litoral ante posibles ataques. Hoy conserva ese aire de vigía silenciosa frente al mar, y su presencia añade mucho valor histórico al recorrido.

Es una visita que encaja muy bien con el faro y las salinas, porque forma parte de un paisaje donde la historia y la naturaleza conviven de forma muy visual. Además, ayuda a entender cómo Santa Pola ha sido durante siglos un enclave vigilado y protegido.

Castillo-Fortaleza y casco histórico

En el centro del pueblo está el Castillo-Fortaleza de Santa Pola, construido en el siglo XVI para defender la costa de los ataques piratas. Hoy alberga espacios culturales y museos relacionados con el mar y la historia local, así que es una visita muy recomendable para entender el pasado de la ciudad.

Parque del Palmeral y restos romanos

El Parque del Palmeral es otro rincón interesante, especialmente si buscas una zona verde en el centro urbano. Allí también se encuentran restos arqueológicos de la llamada Casa Romana del Palmeral, que ayudan a imaginar cómo era la vida en la antigua Santa Pola.


En definitiva, Santa Pola tiene ese encanto de los lugares que parecen sencillos, pero que ofrecen mucho más de lo que se ve a primera vista.Es un destino ideal para una escapada sin prisas, de esas que se disfrutan caminando, mirando al mar y dejando que el lugar te cuente su historia poco a poco.

sábado, 6 de junio de 2026

Carmona de cine: grafitis que dan vida a sus muros

En las calles de Carmona, donde la historia se respira en cada rincón, el arte urbano ha encontrado una forma inesperada de dialogar con el pasado: los grafitis de personajes de cine. Estas intervenciones convierten muros cotidianos en auténticas pantallas al aire libre, donde iconos del séptimo arte emergen entre fachadas encaladas y calles estrechas.


No se trata solo de decoración, sino de una reinterpretación contemporánea del espacio urbano. Personajes reconocibles —desde figuras clásicas hasta protagonistas del cine más actual— aparecen integrados en el entorno, generando un contraste llamativo entre tradición y modernidad. Este tipo de arte no invade, sino que convive con el paisaje urbano, aportando una nueva capa de significado a la ciudad.



Además, estos grafitis funcionan como puntos de interés cultural. Invitan tanto a vecinos como a visitantes a recorrer Carmona con una mirada diferente, casi como si siguieran una ruta cinematográfica improvisada. Cada obra despierta la curiosidad, provoca recuerdos y establece una conexión emocional inmediata con quien la observa.


En definitiva, los grafitis de personajes de cine en Carmona demuestran cómo el arte urbano puede enriquecer el patrimonio sin sustituirlo, aportando frescura, creatividad y nuevas formas de expresión en un entorno cargado de historia




jueves, 4 de junio de 2026

La Escuela de Arte de San Telmo celebra 175 años de historia y formación artística en Málaga

Hay instituciones que no solo forman alumnos, sino que ayudan a construir la identidad de una ciudad. La Escuela de Arte de San Telmo es una de ellas. Su exposición “La Escuela que hizo Ciudad. 175 años de la Escuela de Arte de San Telmo” propone un recorrido por la memoria, la creatividad y el impacto cultural de una institución que ha dejado una huella profunda en Málaga.


La muestra invita a mirar la escuela no solo como un centro de enseñanza, sino como un verdadero motor artístico y social. A lo largo de siglo y medio, San Telmo ha sido un espacio donde generaciones de estudiantes han aprendido oficios, técnicas y lenguajes visuales que luego han contribuido al desarrollo cultural de la ciudad y de su entorno.

Una historia ligada a Málaga

La exposición pone en valor el papel de la Escuela de Arte de San Telmo dentro de la historia malagueña. Desde sus orígenes, la institución ha estado vinculada a la formación artística y a la transmisión de conocimientos prácticos, convirtiéndose en un referente para quienes han querido dedicarse al diseño, las artes aplicadas, la ilustración, la cerámica, la fotografía o disciplinas afines.

Ese recorrido histórico permite entender cómo la escuela ha acompañado los cambios sociales, educativos y estéticos de la ciudad. En sus aulas no solo se han enseñado materias; también se ha construido una manera de entender el arte como parte de la vida cotidiana.

El valor de una escuela centenaria

Celebrar 175 años no es solo recordar una fecha redonda. Es reconocer la importancia de una institución que ha sabido mantenerse viva, adaptarse a los tiempos y seguir formando talento. La exposición recuerda que la historia de San Telmo es también la historia de muchas vocaciones, de profesores comprometidos y de alumnos que encontraron allí un lugar donde desarrollar su creatividad.

La muestra seguramente despierta interés tanto en quienes han pasado por sus aulas como en quienes desean descubrir cómo una escuela puede influir de forma tan decisiva en el tejido cultural de una ciudad. Esa mezcla de memoria y presente es uno de sus mayores atractivos.

Arte, educación e identidad

Uno de los aspectos más interesantes de esta exposición es la relación entre arte y educación. San Telmo representa la idea de que enseñar también es crear ciudad. Formar artistas, artesanos y profesionales de la imagen tiene un impacto que va mucho más allá del aula: se traduce en patrimonio visual, en proyectos culturales, en diseño y en nuevas formas de expresión.

Por eso, esta exposición no solo habla de una escuela, sino de una manera de entender la cultura como algo compartido. La escuela aparece aquí como un lugar de encuentro entre tradición y modernidad, entre oficio y creatividad, entre memoria e innovación.

Un homenaje necesario

“La Escuela que hizo Ciudad” es, en el fondo, un homenaje a todo lo que permanece cuando una institución consigue arraigarse en la vida colectiva. Su título resume bien esa idea: la escuela no solo está en la ciudad, sino que ayuda a hacerla, a darle forma, a enriquecerla.

Para Málaga, esta exposición supone una oportunidad de redescubrir una parte esencial de su historia cultural. Y para el visitante, una invitación a detenerse en el valor de la enseñanza artística como herramienta de transformación social.

La Escuela de Arte de San Telmo cumple 175 años, pero su legado sigue muy presente. Y esa es precisamente la mejor señal de su importancia.

martes, 2 de junio de 2026

Sevilla entre dinosaurios: un viaje a la Patagonia sin salir de la ciudad

Sevilla tiene estos días una puerta abierta al pasado más remoto de la Tierra. No hace falta cruzar océanos ni adentrarse en la inmensidad del sur argentino: basta con acercarse a CaixaForum para descubrir “Dinosaurios de la Patagonia”, una exposición que transporta al visitante millones de años atrás, cuando gigantes colosales dominaban el planeta.


La muestra destaca por su impresionante rigor científico y su capacidad para fascinar tanto a adultos como a niños. Desde el primer momento, el visitante se encuentra rodeado de réplicas a tamaño real, fósiles originales y reconstrucciones detalladas que permiten imaginar cómo era la vida en la Patagonia durante el período Mesozoico. Entre las estrellas de la exposición sobresale el imponente Patagotitan mayorum, considerado uno de los dinosaurios más grandes jamás descubiertos. Su escala resulta casi difícil de asimilar: más que observarlo, uno tiene la sensación de estar ante una criatura que podría despertar en cualquier momento.

Pero esta exposición no se limita al impacto visual. A lo largo del recorrido, paneles explicativos, audiovisuales y recursos interactivos ayudan a comprender cómo vivían estos animales, qué comían, cómo se desplazaban y, sobre todo, cómo los científicos han logrado reconstruir su historia a partir de restos fragmentarios. Es un auténtico homenaje al trabajo paleontológico, que combina paciencia, tecnología y una enorme capacidad de interpretación.



Uno de los aspectos más interesantes es la conexión entre ciencia y territorio. La Patagonia argentina, conocida por sus paisajes extremos y su belleza salvaje, se revela también como uno de los yacimientos paleontológicos más ricos del mundo. Esta exposición no solo muestra dinosaurios, sino que también cuenta la historia de un lugar donde la tierra guarda secretos de dimensiones extraordinarias.

“Dinosaurios de la Patagonia” es, en definitiva, una experiencia que combina aprendizaje y asombro. En una ciudad como Sevilla, tan marcada por la historia humana, esta propuesta invita a ampliar la perspectiva y recordar que nuestro pasado se remonta mucho más allá de cualquier civilización. Una oportunidad perfecta para dejarse sorprender y, durante unas horas, caminar entre gigantes.


lunes, 1 de junio de 2026

Crea un tierno muñeco corazón paso a paso

 Hoy te propongo una manualidad sencilla y muy bonita: un muñeco corazón con bolas de madera y fieltro. La bola de madera será la cabeza, mientras que el cuerpo lo formará un corazón de fieltro.

Solo tienes que unir ambas piezas, dibujar una carita en la bola y añadir los detalles que prefieras. Es ideal para regalar o decorar con un toque dulce y hecho a mano.

domingo, 31 de mayo de 2026

Postal y Peineta: Roy del Postigo reinterpreta la Costa del Sol en Torremolinos

Torremolinos acoge la exposición “Postal y Peineta”, del artista Roy del Postigo, una propuesta que invita a mirar la Costa del Sol desde un ángulo diferente, más simbólico, más crítico y también más identitario. La muestra se ha incorporado al Centro de Interpretación Turística y estará abierta al público hasta el 26 de junio.

El propio planteamiento de la exposición ya sugiere un juego de contrastes: por un lado, la postal, asociada a la imagen turística idealizada; por otro, la peineta, emblema de tradición, cultura popular y folclore andaluz. Esa dualidad convierte la muestra en una reflexión visual sobre cómo se ha construido la imagen de la costa, entre la estética del recuerdo y la fuerza de la memoria cultural.

Una lectura artística de la costa

La obra de Roy del Postigo propone una aproximación a la Costa del Sol que va más allá de la imagen habitual de sol y playa. A través de la fotografía, la exposición representa “la cara y la cruz” de este territorio, y precisamente ahí reside parte de su interés: en mostrar tanto el atractivo aspiracional del destino como sus capas más complejas.

Ese enfoque convierte la exposición en algo más que una colección de imágenes bonitas. También funciona como una lectura artística del paisaje social y cultural de Torremolinos, un lugar históricamente ligado al turismo, a la modernidad costera y a una identidad muy marcada por la convivencia entre lo popular y lo cosmopolita.

Roy del Postigo y su universo creativo

Roy del Postigo es un creador vinculado al arte, la cultura visual y la reflexión sobre los imaginarios contemporáneos. En iniciativas culturales recientes ha aparecido también como autor y ponente en actividades relacionadas con la cultura, la identidad y el deseo, lo que refuerza la idea de un trabajo artístico e intelectual centrado en las representaciones del cuerpo, la memoria y la imagen.

En “Postal y Peineta”, esa sensibilidad se traslada al terreno fotográfico para construir una propuesta que dialoga con el visitante. No se trata solo de observar una serie de obras, sino de preguntarse qué postal queremos conservar de un lugar y qué elementos de su cultura quedan fuera de la imagen más conocida.