Ecos de Color es una exposición de pintura abstracta y referencial de María Llorente Morales y María Vázquez Espinosa, abierta en la Sala Patricio Art de Sevilla durante octubre de 2026. La muestra propone un diálogo entre dos lenguajes plásticos vinculados por el color, entendido no solo como pigmento, sino como memoria, emoción y resonancia visual.
Una exposición de vínculos
La propuesta reúne a dos artistas con una relación familiar —tía y sobrina— y, sobre todo, con una afinidad creativa. María Llorente Morales y María Vázquez Espinosa presentan obras en las que la abstracción convive con referencias reconocibles, invitando al espectador a moverse entre lo evocador y lo puramente sensorial.
El título funciona como clave de lectura: los colores no aparecen aislados, sino que dejan “ecos”. Un rojo puede recordar una luz cálida; un azul, una sombra mediterránea; un verde, un paisaje interior. La exposición se apoya en esa idea de continuidad entre lo que se ve y lo que se siente.
Color como lenguaje
En Ecos de Color, el color no es un simple recurso decorativo: es el elemento que articula la conversación entre las obras. La pintura abstracta permite liberar formas y ritmos, mientras que la vertiente referencial ancla algunas composiciones en sensaciones, lugares o experiencias compartidas.
Esta dualidad hace que la visita no exija una lectura única. Ante una misma obra, un espectador puede percibir un paisaje, un estado de ánimo o una vibración cromática; ante otra, quizá solo la tensión entre manchas, planos y contrastes. Esa apertura es precisamente uno de los atractivos de la muestra.
Ecos de Color encaja muy bien en la programación de la Sala Patricio Art, un espacio acostumbrado a apostar por propuestas pictóricas centradas en la luz, el cromatismo y la mirada personal de los artistas. En esta ocasión, la apuesta es especialmente íntima: no se trata solo de exhibir cuadros, sino de mostrar cómo dos generaciones y dos sensibilidades pueden encontrarse a través de un mismo interés por el color.
Para quien recorra Sevilla en octubre, la visita puede convertirse en un plan cultural breve pero estimulante: una parada en la Avenida de la Palmera para contemplar cómo el color puede actuar como memoria, paisaje y emoción.





















































