El monasterio de San Jerónimo de Buenavista es uno de los grandes olvidados de Sevilla: un antiguo cenobio jerónimo, junto al Guadalquivir y hoy rodeado por el barrio de San Jerónimo, que llegó a ser uno de los más poderosos de la ciudad. Construido a partir de 1414, combina restos mudéjares y góticos con añadidos renacentistas, visibles en su claustro principal y en la iglesia de tres naves que aún marca el perfil del conjunto.
En los siglos XV y XVI fue lugar de paso habitual de los Reyes Católicos, de Carlos V y de Felipe II, hasta el punto de funcionar como antesala cortesana antes de la entrada oficial en Sevilla. Dentro del monasterio se instaló además una de las primeras imprentas sevillanas, desde la que se editaron bulas de la Santa Cruzada y libros destinados a América, lo que convirtió este espacio aparentemente periférico en un pequeño nodo del mundo atlántico.
La vida cotidiana jerónima se organizaba entre la iglesia, el claustro y las huertas, con espacios tan sugerentes como la antigua fresquera subterránea, diseñada para conservar alimentos y vista hoy como un antecedente del frigorífico en pleno Antiguo Régimen. Tras la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX llegó el abandono, el expolio y la ruina parcial, aunque se salvaron el claustro, la torre y la zona de la imprenta.
En la actualidad, el conjunto restaurado empieza a recuperar protagonismo: la vieja imprenta alberga la biblioteca del barrio y el monasterio se reivindica como “monumento invisible”, una joya histórica del norte de Sevilla que ofrece al visitante una lectura distinta de la ciudad, lejos de los circuitos turísticos habituales. Es un lugar perfecto para quienes buscan historias densas en espacios discretos y, sobre todo, para quien quiera ver cómo perviven seis siglos de memoria enmarcados por un barrio vivo

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Estaría bien que lo restaurasen
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