viernes, 24 de abril de 2026

El Centro de la Comunicación "Jesús Hermida": memoria viva del periodismo en Huelva

El Centro de la Comunicación Jesús Hermida es uno de los espacios culturales más singulares de Huelva porque está dedicado íntegramente a la historia de los medios de comunicación y a la figura de Jesús Hermida, uno de los periodistas onubenses más universales. Nació con una vocación museística, divulgativa y de investigación, y se presenta como el primero de este tipo en España, además de rendir homenaje a la trayectoria profesional de Hermida y al papel de la prensa, la radio y la televisión en la sociedad contemporánea.


Un espacio para la memoria de la comunicación

Situado en la calle Presidente Adolfo Suárez, nº 1, el centro propone un recorrido por la evolución de la comunicación de masas, desde los primeros soportes periodísticos hasta los formatos que marcaron el desarrollo del periodismo moderno. Su planteamiento no se limita a exhibir piezas, sino que busca explicar cómo han cambiado los modos de informar, narrar y conectar con el público a lo largo del tiempo.


El proyecto fue impulsado por el Ayuntamiento de Huelva y la Asociación de la Prensa de Huelva, con la colaboración de instituciones como la Fundación Cajasol, CRTVE, Atresmedia, la familia de Jesús Hermida y diversos coleccionistas y entidades vinculadas a la comunicación. Esa red de apoyos ha permitido reunir materiales que dan solidez al discurso expositivo y refuerzan el valor documental del espacio.


Jesús Hermida como hilo conductor

La figura de Jesús Hermida actúa como eje del centro, no solo por su origen onubense, sino por su relevancia en la historia del periodismo español. El espacio presenta su trayectoria como una forma de entender la comunicación desde dentro: la radio, la prensa escrita, la televisión y la transformación del oficio en las últimas décadas.

Esa elección no es casual. Hermida simboliza una manera de hacer periodismo basada en la curiosidad, la cercanía y la capacidad de explicar el mundo a través de la palabra. Por eso, el centro funciona también como homenaje a una generación de profesionales que contribuyeron a modernizar la comunicación en España.

Un momento muy especial y que se recuerda en este centro es cuando  Jesús Hermida narró para TVE la llegada del Apolo 11 a la Luna en 1969 desde el Centro Espacial de Houston, y su voz quedó asociada en España a ese momento histórico. La retransmisión se recuerda por la emoción, los problemas de señal y porque millones de personas siguieron el acontecimiento con su comentario.

Lo más llamativo es que Hermida contaba que apenas se veía la imagen, así que tuvo que “poner luz” con su relato, traduciendo y contextualizando lo que estaba pasando en directo. También se le atribuye la frase de que aquello fue un día agotador, pero del que se sentía orgulloso por haberlo contado.

Para recordar  este momento hay una figura de astronauta con la que te puedes fotografiar


De la voz de Jesús Hermida en 1969 al regreso de Artemis II en el 2026, la Luna vuelve a unir memoria y futuro en una misma mirada humana.

Valor cultural y divulgativo

Además de su interés histórico, el centro tiene un claro valor para la ciudad como recurso cultural y turístico. Su propuesta lo convierte en un lugar apto tanto para especialistas como para visitantes que quieran acercarse a la historia de la comunicación desde una perspectiva amena y visual.

También cumple una función pedagógica, porque permite entender cómo han evolucionado los medios y por qué siguen siendo decisivos en la vida pública. En una época dominada por la inmediatez digital, espacios como este ayudan a recuperar el contexto, la memoria y el sentido crítico sobre la información.

La exposición Adelaida

Ahora mismo, el centro acoge la exposición Adelaida, una propuesta de PHotoESPAÑA que se puede visitar hasta el 8 de mayo y que reconstruye la vida de Adelaida Martínez-Corera a partir de fotografías de archivo, documentos históricos e inteligencia artificial. La muestra ofrece una mirada sobre la memoria, la identidad y las mujeres olvidadas por la historia, y añade un componente contemporáneo muy sugerente al diálogo entre pasado y presente




jueves, 23 de abril de 2026

Bajo farolillos nada es por chiripa

 “Por chiripa”. Lo decimos para restarle importancia a lo que pasa, como si todo fuera fruto de una casualidad caprichosa, de un giro sin intención.

Pero la Feria de Abril tiene algo que desmiente esa idea. Entre farolillos encendidos y calles de albero, uno no llega a los sitios completamente por azar. Hay decisiones pequeñas —casi invisibles— que nos traen hasta aquí: aceptar una invitación, girar por una calle en vez de otra, entrar en una caseta sin pensarlo demasiado.

Llamarla “Por Chiripa” es, en el fondo, una forma amable de no tomarnos demasiado en serio. De fingir que no importa, cuando en realidad sí importa: a quién encontramos, con quién brindamos, qué momento se nos queda grabado sin avisar.

Hay encuentros que parecen casuales, pero se sienten inevitables. Y quizá ahí esté el secreto: en no saber si fue suerte… o si, de alguna manera, ya estaba escrito entre los farolillos.

Porque a veces basta una puerta abierta, una luz encendida… y la sensación de que quizás no todo ha sido casual.

miércoles, 22 de abril de 2026

Jirafa de ganchillo

 Esta jirafa de ganchillo, hecha a mano con mucho mimo, es una pieza decorativa ideal para aportar ternura, originalidad y un toque artesanal a cualquier espacio.

Su largo cuello le sirve para alcanzar las sonrisas más altas

lunes, 20 de abril de 2026

Entre muros y rascacielos: el pulso del arte urbano en Róterdam

Róterdam no solo se levanta sobre rascacielos y arquitectura futurista; su alma también se expresa en los muros, túneles y fachadas que se han convertido en lienzos para artistas de todo el mundo. La ciudad es hoy uno de los referentes del arte urbano en Europa, y recorrer sus calles es descubrir una galería a cielo abierto donde el color y el mensaje se mezclan con la vida cotidiana.


El espíritu creativo que hace de Róterdam una capital de diseño arquitectónico se extiende también al grafiti. Las zonas próximas al Puerto Viejo, el Distrito de Delfshaven, y sobre todo el barrio de Witte de Withstraat, concentran numerosas obras de muralismo contemporáneo. Esta calle, además conocida por su vida cultural y sus galerías, es el punto de partida ideal para explorar las rutas de arte urbano que proponen varias iniciativas locales.



Entre ellas destacan las organizadas por Rewriters Rotterdam, un proyecto que promueve visitas guiadas o autoguiadas mediante aplicación móvil. Sus rutas permiten descubrir decenas de murales creados por artistas internacionales y locales, cada uno con su estilo particular: desde ilustraciones hiperrealistas y retratos monumentales hasta grafitis tipográficos o experimentales que dialogan con la arquitectura moderna de la ciudad.

Las obras más fotografiadas incluyen murales de Lastplak, famoso colectivo neerlandés que combina humor y crítica social en sus creaciones, y obras de artistas como Jeroen Erosie o Ready2Rumbl, que reinterpretan el lenguaje del grafiti clásico con una mirada contemporánea. En algunos túneles y pasos elevados, el arte urbano se mezcla con instalaciones luminosas y esculturas, extendiendo el concepto de “galería pública” más allá del muro.



Lo fascinante de Róterdam es cómo ha integrado el arte urbano en su identidad. En sus calles se puede leer la historia reciente del país, sus valores de libertad y multiculturalismo, y la permanente búsqueda de diálogo entre espacio público y expresión artística. Incluso en los barrios más modernos, el grafiti convive con los edificios de cristal y acero, aportando humanidad al paisaje urbano.


Si visitas Róterdam y te apasiona la creatividad contemporánea, vale la pena seguir alguna de estas rutas y dejarse llevar por el color. Cada mural cuenta una historia, cada firma anónima suma una voz a la gran conversación visual de la ciudad. Entre el arte y el hormigón, Róterdam demuestra que los muros también pueden convertirse en ventanas hacia el alma de una metrópolis viva.

viernes, 17 de abril de 2026

Kinderdijk: donde el viento cuenta la historia de Holanda

A pocos kilómetros de Róterdam se encuentra Kinderdijk, un paisaje que parece sacado de una pintura flamenca. Una hilera de molinos de viento se alinea a lo largo de los canales, reflejándose en el agua con una serenidad que encierra siglos de historia. Este conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y representa uno de los símbolos más auténticos de la relación entre los neerlandeses y el agua.


Construidos en el siglo XVIII, los 19 molinos de Kinderdijk no eran simples monumentos estéticos: formaban parte de un sistema de drenaje ideado para mantener el terreno seco y habitable en una zona constantemente amenazada por las inundaciones. Gracias a ellos se regulaba el nivel del agua y se bombeaba hacia el río Lek. En cierto modo, estos molinos fueron los auténticos guardianes del paisaje —un ejemplo temprano de ingeniería hidráulica y sostenibilidad que aún hoy impresiona.


Recorrer Kinderdijk es una experiencia única. Los senderos discurren entre canales y praderas verdes donde el sonido del viento y el crujir de las aspas crean una sinfonía natural. Algunos molinos están abiertos al público, y permiten ver por dentro la vida de los molineros tal como era hace siglos: habitaciones diminutas, engranajes de madera, y vistas que parecen congeladas en el tiempo.




Lo más hermoso es visitarlo al atardecer, cuando el sol tiñe los molinos de tonos dorados y los reflejos del agua convierten el paisaje en un espejo. Es entonces cuando se entiende por qué este lugar está tan profundamente ligado a la identidad holandesa: aquí el viento no solo mueve las aspas, también mueve la historia.


Además del valor paisajístico, Kinderdijk simboliza el ingenio neerlandés para convivir con un entorno difícil. Es un recordatorio de cómo la unión entre tecnología y naturaleza puede dar lugar a una armonía duradera —una lección que sigue vigente en pleno siglo XXI

miércoles, 15 de abril de 2026

Keukenhof: el jardín donde florece la primavera holandesa

Cada año, entre marzo y mayo, los Países Bajos viven uno de sus momentos más mágicos: la apertura del jardín de Keukenhof, conocido mundialmente como el jardín de Europa. Durante apenas unas semanas, este espacio situado en Lisse se transforma en una explosión de color y aroma, donde más de siete millones de bulbos en flor crean un espectáculo natural difícil de describir con palabras.



Keukenhof solo puede visitarse en estos meses, cuando los tulipanes alcanzan su máximo esplendor. Pasear por sus senderos es descubrir un universo de formas y matices: tulipanes simples y dobles, trenzados y papagayo, variedades Darwin, Triumph, lily-flowered y fringed, cada uno con su personalidad, desde los tonos suaves de crema y rosa hasta los contrastes vibrantes de púrpura y escarlata.


Junto a ellos se mezclan los narcisos —con sus característicos pétalos amarillos y blancos que anuncian la primavera— y los jacintos, conocidos por su fragancia intensa y por formar verdaderas alfombras azules y violetas. Tampoco faltan los gladiolos, altos y elegantes, que aportan verticalidad y movimiento al paisaje floral.


El jardín se organiza en distintos sectores temáticos, donde las combinaciones de color están pensadas como auténticas composiciones artísticas. En los pabellones interiores se celebran exposiciones de flores cortadas, concursos de diseño floral y muestras de horticultura que muestran cómo la tradición neerlandesa del cultivo se ha convertido en un arte.


Uno de los lugares más emblemáticos es el antiguo molino de viento, desde cuya plataforma se observa la inmensidad de los campos circundantes, verdaderos mosaicos de tulipanes cultivados. Desde allí puede verse claramente el contraste entre los tonos rojos, amarillos y rosas de los campos y el verde intenso de la campiña.




Si estás en Holanda entre marzo y mayo, Keukenhof es una visita imprescindible. No solo por la belleza de sus flores, sino por lo que representan: una celebración de la primavera, del arte natural y del vínculo entre el ser humano y la tierra. Es un espacio donde la naturaleza parece pintada con pinceladas de paciencia y color, y donde cada paso nos recuerda que la belleza, como la flor, es efímera pero inolvidable.