miércoles, 23 de septiembre de 2026

Río de Janeiro: el viaje que soñé durante años

Después de años imaginándolo, por fin pisé Río de Janeiro. La ciudad me recibió con esa mezcla de naturaleza desbordante, arte urbano y contrastes sociales que había leído una y otra vez, pero que solo cobran sentido cuando estás allí.


El Cristo del Corcovado, primera postal en vivo

Subir al Corcovado fue como cumplir un ritual. El Cristo Redentor (Cristo Redentor), esa estatua art déco de Jesús con los brazos abiertos, se alza a 2.300 pies (unos 700 m) sobre el nivel del mar en la cima del Corcovado, dentro del Parque Nacional de Tijuca. La vista desde la plataforma abarca la bahía de Guanabara, la selva urbana y, si el día está claro, el perfil de la ciudad entera.

El acceso se hace en tren de cremallera o en furgonetas oficiales, con horarios que suelen ir de 8:00 a 18:00/19:00 según la época, y conviene reservar con antelación, sobre todo para el atardecer. En la cima, el viento, el murmullo de varios idiomas y la sensación de estar “sobre” Río hacen que los años de espera se disuelvan en minutos.


Copacabana: olas de piedra, esculturas de arena y arte en el paseo

Copacabana no es solo una playa; es un escenario urbano de 4 km con un paseo marítimo que es obra de arte en sí mismo. El icónico dibujo de olas en blanco y negro es un ejemplo de calçada portuguesa, rediseñado en los años 70 por el paisajista Roberto Burle Marx, quien alargó las curvas y las alineó con el mar.


Esculturas de arena del Cristo en la playa

En la arena, artistas locales crean esculturas efímeras del Cristo del Corcovado que se convierten en punto de encuentro y en símbolo de esa Río artesanal y espontánea. No están en ningún mapa oficial, pero aparecen y desaparecen con las mareas y el sol, recordando que la ciudad también se construye con las manos y con el tiempo breve.



Estatuas en el paseo: Ayrton Senna, Dorival Caymmi y “O Músico”

A lo largo de la Avenida Atlântica, el paseo marítimo de Copacabana rinde homenaje a figuras clave de la cultura y el deporte brasileños. Entre ellas destacan:

La estatua de Dorival Caymmi, compositor esencial de la música brasileña, situada cerca del Posto 6, junto a la colonia de pescadores.


Monumentos y referencias a Ayrton Senna, el legendario piloto de Fórmula 1, integrados en el paisaje urbano de la zona sur (hay avenidas y espacios que llevan su nombre y en algunos recorridos turísticos se incluyen paradas vinculadas a su figura).


La estatua conocida como “O Músico”, que representa a un intérprete popular y refuerza la identidad musical del paseo, en sintonía con la Bossa Nova y la vida de playa.


Caminar por ese paseo es leer una biografía colectiva de Río: deporte, música, playa y memoria.

La Escadaria Selarón: un homenaje de azulejos entre Lapa y Santa Teresa

La Escadaria Selarón es, probablemente, uno de los rincones más fotogénicos y con más alma de Río. Se trata de una escalera urbana de 125 metros que une los barrios de Lapa y Santa Teresa, recubierta con más de 2.000 azulejos de colores procedentes de decenas de países.


El artista chileno Jorge Selarón comenzó a intervenirla en 1990 y trabajó en ella hasta su muerte en 2013, tratando la escalera como una obra viva, a la que añadía, retiraba y reordenaba piezas constantemente. Los colores predominantes (verde, amarillo y azul) evocan la bandera brasileña, pero entre ellos aparecen banderas de otros países, nombres de ciudades, animales y escenas que convierten la escalera en un mapa del mundo hecho cerámica. Subirla despacio, tocando los azulejos y leyendo pequeños detalles, es entender Río como ciudad de acogida y de intercambios.


Hay muchas losetas dedicadas a distintos países y buscando encontré algunas de Sevilla



Pan de Azúcar y el teleferico: Río desde el granito

Si el Corcovado es el icono espiritual, el Pan de Azúcar (Pão de Açúcar) es el mirador geológico. Este monolito de granito de 396 m se alza en la entrada de la bahía de Guanabara, en el barrio de Urca. El teleferico (Bondinho) sube en dos etapas: primero al Morro da Urca y luego a la cima del Pan de Azúcar, ofreciendo vistas de la bahía, las playas del sur, el centro y, al fondo, el Corcovado con el Cristo.



Desde arriba, la ciudad se lee como un plano: la curva de Copacabana, la boca de la bahía, los barcos, las islas y, en días claros, el horizonte del Atlántico. El viaje en cabina de cristal es parte del espectáculo: la ciudad se va abriendo bajo los pies mientras se asciende.

La Catedral Metropolitana: una pirámide moderna en el centro

En pleno centro, la Catedral Metropolitana de São Sebastião rompe con la imagen tradicional de iglesia. De estilo moderno, con forma de gran pirámide mayista de hormigón, fue inaugurada en 1979 y es uno de los edificios religiosos más singulares de América Latina.

En su interior, enormes vidrieras de colores filtran la luz y crean un ambiente casi teatral, mientras que la estructura desnuda y geométrica transmite una idea de modernidad y austeridad. Está abierta al público (generalmente de 7:00 a 17:00) y supone un contrapunto interesante a la religiosidad más clásica del Cristo del Corcovado.

Lagoa Rodrigo de Freitas: el espejo entre Ipanema y Leblon

La Lagoa Rodrigo de Freitas, conocida simplemente como “Lagoa”, es una laguna de agua salobre situada entre Ipanema y Leblon, a los pies del Corcovado y del Parque Lage. Su perímetro está rodeado de carriles para correr y pasear, zonas de picnic y clubes de remo, y en invierno incluso es posible ver flamencos en sus orillas.

Desde algunos puntos de la Lagoa se tienen vistas directas al Cristo del Corcovado, lo que la convierte en un lugar perfecto para combinar deporte, relax y postal. Al atardecer, la luz dorada sobre el agua y las siluetas de los ciclistas y corredores ofrecen una imagen de Río más cotidiana y menos turística, pero igualmente memorable.

Tijuca: una parque natural que parece una selva

La Floresta da Tijuca, en Río de Janeiro, es una de las mayores selvas urbanas del mundo: casi 4.000 hectáreas de Mata Atlántica recuperadas en el siglo XIX tras la tala para plantaciones de café. Por orden del emperador Pedro II, se plantaron cientos de miles de árboles nativos para proteger los manantiales que abastecían la ciudad, en uno de los primeros grandes reforestamientos tropicales. Hoy el parque nacional alberga picos emblemáticos como el Corcovado, protege biodiversidad única y recibe a millones de visitantes que recorren sus senderos entre la selva y las vistas de Río




Las favelas y la pobreza: la otra cara del “Rio Maravilha”

Río no se entiende sin hablar de sus favelas y de la desigualdad que las atraviesa. Barrios como Rocinha, Complexo do Alemão o Maré son parte estructural de la ciudad: asentamientos densos, en laderas o zonas periféricas, donde conviven redes de solidaridad vecinal con carencias de servicios básicos y altos niveles de inseguridad.

La pobreza en Río se manifiesta en viviendas precarias, acceso limitado a educación y salud de calidad, y en una brecha social muy visible cuando se comparan las zonas turísticas de la Zona Sur con muchas áreas de la Zona Norte y de la Baixada Fluminense. Las favelas también son espacios de cultura, música, emprendimiento y resistencia, pero la estigmatización y la violencia asociada al narcotráfico y a operaciones policiales marcan la vida diaria de sus habitantes.

Ver Río significa también reconocer que el mismo paisaje que admiran los turistas es, para muchas familias, el telón de fondo de una lucha diaria por dignidad y oportunidades. Cualquier relato honesto sobre la ciudad debe incluir esta realidad, sin reducirla a clichés ni a imágenes de miseria, sino entendiendo su complejidad social y política.

Un viaje que valió cada año de espera

Río de Janeiro me confirmó todo lo que había imaginado y mucho más: la fuerza simbólica del Cristo del Corcovado, la poesía del paseo de Copacabana con sus esculturas de arena y sus homenajes a Ayrton Senna, Dorival Caymmi y “O Músico”, el estallido de color de la Escadaria Selarón, la perspectiva casi aérea desde el Pan de Azúcar, la modernidad de la Catedral y la calma de la Lagoa.

Pero también me dejó una pregunta incómoda y necesaria: cómo recorrer tanta belleza sin apartar la mirada de las favelas y la pobreza que laten a su lado. Río, al final, es eso: un destello de maravilla atravesado por la contradicción, una ciudad que te desarma y te abraza al mismo tiempo.😊

lunes, 21 de septiembre de 2026

«Spanish Remix: De lo cañí a lo pop», cuando los iconos de la España castiza se vuelven arte contemporáneo

La exposición «Spanish Remix: De lo cañí a lo pop» en la Holland Gallery  propone un viaje visual por los símbolos más reconocibles de la identidad española —flamenco, toros, mantones, folclore— reinterpretados a través de los lenguajes del pop y la pintura contemporánea.



Un «remix» de la España cañí

El título ya adelanta la clave de la muestra: tomar los clichés de la España cañí y someterlos a una actualización estética y conceptual propia de la sensibilidad pop. Bajo la dirección del comisario Gabriel Suárez, el proyecto explora esa tensión entre lo castizo y lo contemporáneo, entre el estereotipo y su reapropiación artística.

La exposición dialoga con debates actuales sobre cómo el folclore y lo «cañí» han sido usados, explotados y también reivindicados en el arte reciente, en paralelo a fenómenos musicales y visuales que han llevado esa estética a nuevos contextos, desde el flamenco fusión hasta ciertas corrientes del pop urbano.


Artistas participantes

Se trata de una muestra colectiva con una nómina amplia de creadores que trabajan principalmente desde la pintura, aunque con enfoques muy personales dentro de ese marco conceptual. Entre los nombres que aparecen en las comunicaciones de la galería figuran:


Carlos Álvarez Las Heras


Cuqui Guillén


Ciro Quintana


Nuno Raminhos


Francisco Ramírez Viola


Ricardo Rodríguez


Mariojosé Ángeles

y otros, configurando un panorama diverso de propuestas que reinterpretan los tópicos de la España cañí con recursos formales cercanos al pop, la figuración contemporánea y la pintura de asunto.


Más allá del atractivo visual, «Spanish Remix» ofrece un marco interesante para pensar cómo el arte actual negocia con la idea de «españolidad»: ni simple folclorización ni rechazo automático, sino una reescritura irónica, afectiva o crítica de esos símbolos. Para quien se interese por la cultura visual española contemporánea, la muestra funciona como un laboratorio donde ver cómo lo «cañí» deja de ser solo decorativo o turístico para convertirse en materia de reflexión artística.


viernes, 18 de septiembre de 2026

Saint-Paul de Vence: el pueblo medieval que enamoró a los artistas de la Costa Azul

La historia de Saint-Paul de Vence se lee en sus piedras. En la Edad Media, el pueblo ya era un centro administrativo importante: en el siglo XIV se convierte en cabecera de un gran distrito (un “bailliage”) y luego, en el XVI, de una “viguerie”, bajo la autoridad de los condes de Provenza. 

Su posición estratégica, en la frontera entre los territorios de Saboya y Provenza, explica su potente arquitectura militar: murallas, torres y puertas fortificadas que aún hoy definen su silueta. 

Algunos de los elementos más emblemáticos son:

La Porte de Vence y la Tour de l’Esperon, ambas de la segunda mitad del siglo XIV, que formaban parte del sistema defensivo del pueblo. 

La Place du Jeu de Boules, pequeña plaza sombreada por plátanos donde los lugareños siguen jugando a las petancas, rodeada de cafés y galerías de arte. 

La Collégiale de la Conversion-de-Saint-Paul, iglesia colegiada barroca que domina el pueblo y atesora obras religiosas y decoraciones de los siglos XVII y XVIII. 

Las calles interiores, como la Rue Grande, conservan las casas de familias nobles y burguesas (los Bernardis, los Barcillons) que hicieron de Saint-Paul un próspero centro administrativo y comercial durante siglos. 

 Hoy, ese mismo trazado medieval acoge galerías, talleres de artesanos y pequeñas boutiques, pero sin perder su aire de pueblo de piedra y tiempo lento. 


El pueblo de los pintores: de Bonnard a Chagall

Si hay algo que distingue a Saint-Paul de Vence de otros pueblos medievales de la región, es su vínculo profundo con el arte moderno. A partir de finales del siglo XIX y sobre todo en el siglo XX, el pueblo se convierte en un punto de encuentro para pintores, escultores, escritores y galeristas atraídos por la luz, la calma y la belleza del entorno. 

Entre los nombres que marcaron la historia del pueblo:

Pierre Bonnard, que vivió y trabajó en Saint-Paul durante décadas; su obra L’été está vinculada directamente a la luz y los colores de la Costa Azul. 

Marc Chagall, profundamente ligado al pueblo y a sus paisajes; en la cercana Fondation Maeght se conserva una de sus obras más emblemáticas, La Vie. 

Joan Miró, Alberto Giacometti, Georges Braque, Fernand Léger, Alexander Calder y Wassily Kandinsky, todos presentes de forma destacada en la colección de la Fondation Maeght y, de un modo u otro, en la memoria artística del lugar. 

Saint-Paul se convierte así en un “salón al aire libre” del arte del siglo XX: los artistas no solo visitan el pueblo, sino que participan en la creación de espacios expositivos, decoran capillas y dejan obras in situ que dialogan con la arquitectura y el paisaje. 

Si buscas un destino que combine patrimonio, arte y paisajes mediterráneos, Saint-Paul de Vence ofrece todo eso en un radio de pocos cientos de metros: basta cruzar una puerta medieval, subir una calle empedrada y dejar que la luz del sur haga el resto

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Port Grimaud: la “Venecia francesa”

Port Grimaud es un pueblo lacustre único en la Costa Azul: 14 kilómetros de canales, casas de colores y barcos amarrados frente a las puertas, construidos de la nada entre 1966 y 2008 sobre antiguos marjales en el golfo de Saint-Tropez. 


El sueño de François Spoerry

En 1962, el arquitecto François Spoerry (1912–1999) compra 30 hectáreas de terreno pantanoso cerca de Grimaud con una idea clara: crear un lugar donde “una pequeña casa esté en el agua, con el barco amarrado delante de la puerta”, pero también un pueblo vivo todo el año, con habitantes, artesanos y comercios.


Frente al modernismo ortodoxo de posguerra, Spoerry defiende una “arquitectura douce”: densa, de escala peatonal, que recupera plazas, callejuelas y mercados, y pone en el centro la vida cotidiana. Port Grimaud es su gran experimento: islas y penínsulas unidas por canales, con unas 2.500 viviendas y casi todas con amarre propio. 

Tomb of architect François Spoerry (1912-1999), creator of Port Grimaud, located in the Port Grimaud church. 

Hoy Port Grimaud es un loteamiento lacustre integrado en el municipio de Grimaud (Var), reconocido como “Architecture contemporaine remarquable” por su valor arquitectónico del siglo XX. 

 Sus rasgos principales:

-Canales y casas sobre el agua: 14 km de canales que atraviesan el pueblo, con viviendas de estilo provenzal y mediterráneo agrupadas en pequeñas islas. 


-Barcos como parte del paisaje: veleros, yates y pequeñas embarcaciones amarrados justo debajo de las ventanas.

-Calles peatonales y puentes: el coche queda fuera; dentro, el pueblo se recorre a pie, cruzando puentes y callejuelas que dan a plazas y pequeños muelles.

-Equipamientos de pueblo “real”: iglesia, plaza, comercios, restaurantes y servicios, no solo viviendas turísticas. 

Qué hacer en Port Grimaud

-Paseo en barco por los canales: la excursión “Les Couches d’eau” recorre los canales en unos 20 minutos, con explicaciones sobre la historia y la arquitectura del pueblo (abril–noviembre).

-Alquilar un barquito eléctrico: navegar uno mismo por los canales señalizados, descubriendo rincones y reflejos imposibles de ver desde tierra.

-Recorrer el pueblo a pie: perderse por las callejuelas, cruzar puentes, observar las fachadas de colores, los balcones con macetas y los barcos amarrados justo debajo de las ventanas.

Si alguna vez pasas por el golfo de Saint-Tropez, vale la pena dedicar unas horas a Port Grimaud no solo para hacer fotos, sino para leer en su trazado la utopía de un arquitecto que quiso que la tierra y el agua vivieran juntas, y que la gente pudiera, literalmente, abrir la puerta de su casa y saltar a un barco