domingo, 8 de noviembre de 2026

El Rollo Jurisdiccional de Vadocondes: piedra, justicia y memoria

El Rollo Jurisdiccional de Vadocondes es uno de los símbolos históricos más importantes de esta villa burgalesa. Situado en la plaza principal, representa la antigua capacidad de Vadocondes para administrar justicia y ejercer autonomía sobre su territorio.

Qué era un rollo jurisdiccional

Los rollos jurisdiccionales —también llamados rollos de justicia o picotas— eran columnas de piedra levantadas en villas que poseían jurisdicción propia. Su presencia señalaba que la localidad podía juzgar causas, imponer penas y, en ciertos casos, ejecutar condenas, incluidas las capitales.

No eran meros adornos urbanos: funcionaban como emblemas visibles del poder local. Para vecinos y viajeros, el rollo advertía de que aquel lugar no dependía plenamente de otra jurisdicción señorial o real, sino que contaba con autoridad propia.

Historia del rollo de Vadocondes

La construcción del rollo de Vadocondes se sitúa en las primeras décadas del siglo XVI, una época de expansión de este tipo de monumentos en la Península Ibérica. Su origen se vincula con el privilegio de villazgo concedido a Vadocondes en 1316 por Fernando IV, que reforzó la autonomía administrativa y judicial de la villa.

En 1777, el monumento fue objeto de una importante reparación y reforma dirigida por el maestro arquitecto Ángel Vicente Ubón. La obra, ejecutada por Eugenio Correa, natural de Astudillo, costó 1.330 reales de vellón y buscó asegurar la estabilidad y durabilidad de la estructura.

Valor artístico y simbólico

El rollo combina elementos góticos con intervenciones del siglo XVIII. Se alza sobre una gradería ochavada de cinco gradas y presenta una columna corintia estriada coronada por un cimacio con cuatro leones voladizos.

En la parte superior, una pirámide prismática muestra las armas imperiales de los Reyes Católicos, símbolo de autoridad real. Las caras laterales incorporan motivos relacionados con la muerte, una referencia al carácter punitivo de la justicia antigua.

El remate actual incluye una peana de piedra, una bola de bronce y una cruz de hierro, añadidos durante la reforma del siglo XVIII. Este conjunto refuerza su aspecto solemne y su función como señal de autoridad.

Protección patrimonial

El 30 de marzo de 1963, el Rollo Jurisdiccional de Vadocondes fue declarado Bien de Interés Cultural, junto con los demás rollos y picotas de España. Esta protección reconoce su valor como testimonio del antiguo orden jurídico y administrativo castellano.

Hoy ya no cumple ninguna función judicial, pero sigue siendo un punto de referencia del patrimonio de Vadocondes. Su ubicación en la plaza central lo convierte en una parada esencial para quien quiera comprender la historia local y el papel de las villas con jurisdicción propia en el Antiguo Régimen.

Un monumento que explica el pasado

El rollo de Vadocondes resume una idea clave de la historia española: la justicia no era solo una institución abstracta, sino un poder territorial representado físicamente en el paisaje urbano. La columna de piedra recordaba quién mandaba, quién juzgaba y hasta dónde llegaba la autonomía de la villa.

Por ello, más que una simple antigüedad arquitectónica, el Rollo Jurisdiccional de Vadocondes es un documento histórico en piedra: conserva la memoria de un tiempo en que la villa tenía voz, autoridad y capacidad para impartir justicia

viernes, 6 de noviembre de 2026

El Gato con Sombrero invade el Espacio Movistar: fantasía, caos y familia en plena Gran Vía

El Espacio Movistar de la Gran Vía madrileña se convierte, con la llegada de El Gato con Sombrero, en un territorio de fantasía donde la imaginación infantil deja de ser un refugio para convertirse en una aventura compartida. La propuesta acompaña el estreno de la nueva película animada inspirada en el universo de Dr. Seuss, cuyo personaje regresa para ayudar a dos hermanos a enfrentarse a los cambios de la infancia.


Un felino que desordena para sanar

La historia parte de una premisa sencilla: Gabby y Sebastian atraviesan una mudanza y sienten que su mundo se ha vuelto inestable. Entonces aparece el Gato con Sombrero, un personaje excéntrico y caótico que propone jugar, romper rutinas y transformar el aburrimiento en descubrimiento.

Lejos de ser solo un agitador de situaciones absurdas, el felino funciona como un catalizador emocional. Su misión no es evitar la tristeza de los niños, sino acompañarles mientras aprenden a habitarla, una idea que la nueva adaptación recoge con más delicadeza que versiones anteriores.

La exposición como extensión del filme

Una exposición dedicada a El Gato con Sombrero en el Espacio Movistar tendría sentido precisamente porque la película no se apoya solo en su humor, sino en universos visuales capaces de sorprender. Entre sus imágenes más destacadas están los mundos fantásticos escondidos en las cajas de mudanza de los hermanos, un recurso que invita a pensar en la infancia como un espacio lleno de posibilidades aún sin abrir.

El recorrido puede plantearse como una experiencia inmersiva: escenarios inspirados en el sombrero mágico, instalaciones interactivas, zonas de juego y momentos pensados para que las familias se fotografíen dentro de la estética colorista y delirante de Dr. Seuss. El Espacio Movistar ya ha demostrado que puede convertir la Gran Vía 28 en un punto de encuentro entre entretenimiento, tecnología y cultura popular.

Por qué funciona para todos los públicos

El atractivo de esta propuesta está en su doble lectura. Los más pequeños encuentran travesuras, personajes extravagantes y un ritmo lleno de sorpresas; los adultos pueden reconocer algo más complejo: la dificultad de aceptar los cambios, la presión por estar siempre contentos y el valor de la imaginación como forma de resistencia.

La película ha sido descrita como una reivindicación del ingenio y la fantasía frente al caos vacío, con un mensaje que se vuelve más explícito hacia el final. Esa mezcla de diversión y reflexión convierte a El Gato con Sombrero en una buena excusa para una visita familiar

miércoles, 4 de noviembre de 2026

“¡Viva la vida!”: el altar de muertos de la Casa de México en Madrid

En pleno Chamberí, la Fundación Casa de México en España transforma cada otoño su sede de la calle Alberto Aguilera en un espacio de memoria, color y música. Su Altar de Muertos 2026, titulado “¡Viva la vida!”, es una instalación gratuita dedicada al compositor Agustín Lara y inspirada en los cementerios de las montañas de Michoacán.


Un cementerio mexicano en Madrid

La novena edición del altar fue diseñada por la artista y diseñadora mexicana Beatriz Redo. Recrea un cementerio michoacano durante la noche del Día de Muertos, cuando las familias se reúnen para acompañar simbólicamente a sus seres queridos fallecidos.

La escalera central del edificio se convierte en el corazón de la instalación: velas, flores de cempasúchil, copal, alimentos, artesanías y mariposas monarca componen una escena que evoca el regreso de las almas. En Michoacán, la llegada de las monarcas entre finales de octubre y principios de noviembre se asocia tradicionalmente con las almas que vuelven al encuentro de los vivos.

Agustín Lara, el “Flaco de Oro”

El homenaje central está dedicado a Agustín Lara (1897-1970), célebre compositor mexicano conocido como “el Flaco de Oro”. Su figura aparece junto a un piano, rodeada de referencias a la época dorada del cine y la música mexicana, con personajes como Cantinflas, María Félix, Jorge Negrete, Vicente Fernández y Chavela Vargas.



La elección de Lara tiene además un vínculo especial con Madrid: su canción “Madrid” se convirtió en uno de los chotis más populares de la capital. Esa relación entre México y España atraviesa toda la propuesta y convierte la visita en un diálogo cultural, no solo en una exhibición decorativa.

Los símbolos de la ofrenda

El altar explica, mediante objetos y escenas, la lógica del Día de Muertos: no es una celebración triste, sino una forma de recordar con alegría a quienes ya no están. Entre sus elementos destacan:

-Flores de cempasúchil, cuyo color y aroma guían a las almas.

-Velas y copal, que iluminan y purifican el camino de regreso.

-Calaveras y catrinas, símbolos festivos de la muerte.

-Alimentos y bebidas favoritas de los difuntos, ofrecidos como recuerdo y cariño.

-Mariposas monarca, asociadas a las almas que regresan a casa.

-Música, presente este año por primera vez como parte del recorrido.

-También hay un espacio dedicado a las mascotas, con calacas de perros y gatos, una ampliación contemporánea y muy emotiva de la ofrenda tradicional.

Lo más valioso del altar de la Casa de México es que logra trasladar a Madrid una tradición viva: la muerte no aparece como ausencia, sino como continuidad del vínculo afectivo. Entre el cempasúchil, las velas y las canciones de Agustín Lara, la instalación invita a recordar a los propios seres queridos y a comprender que, en la cultura mexicana, honrar a los muertos es también celebrar la vida.



martes, 3 de noviembre de 2026

Recuerdos de la Costa del Sol: una ventana a los años dorados de Torremolinos

En el Centro de Interpretación Turística de Torremolinos se puede visitar ahora “Recuerdos de la Costa del Sol 1966-1976”, una exposición gratuita de pinturas de Freddy Caston que rescata la vida cotidiana, los paisajes y el espíritu de la Costa del Sol cuando la zona se convertía en uno de los grandes destinos turísticos de Europa. La muestra permanecerá abierta del 22 de octubre de 2026 al 31 de marzo de 2027.

El artista que pintó una época

Freddy Caston llegó a Andalucía y quedó fascinado por su luz, sus gentes y sus costumbres. La exposición reúne obras originales, muchas de ellas inéditas, procedentes de su archivo personal y presentadas en el mismo entorno donde el artista creó buena parte de su trabajo.

Sus lienzos no buscan solo retratar lugares: recuperan una forma de vivir. En ellos aparecen escenas de Málaga, Mijas y Torremolinos, especialmente de El Bajondillo, uno de los barrios más vinculados a la memoria turística y bohemia del municipio.

Torremolinos antes del gran cambio

Ver estas pinturas hoy provoca una doble sensación: nostalgia y asombro. La Costa del Sol de finales de los sesenta y principios de los setenta era una costa en plena transformación, con playas, caseríos, caminos y núcleos urbanos que pronto cambiarían por completo.


La exposición permite imaginar aquel momento en el que Torremolinos era un laboratorio del turismo moderno: un lugar donde convivían pescadores, artistas, viajeros internacionales, hoteles pioneros y una vida social que atrajo a escritores, músicos y estrellas del cine.

Una cita para quienes aman la Costa del Sol

“Recuerdos de la Costa del Sol 1966-1976” es una propuesta especialmente interesante para quienes conocen Torremolinos, para los visitantes que quieran ir más allá de la playa y para cualquier persona curiosa por descubrir cómo nació el mito turístico de esta costa.

En una ciudad que ha cambiado tanto en medio siglo, la exposición funciona como una pequeña cápsula del tiempo: nos recuerda que detrás de los hoteles, el paseo marítimo y la animación actual hubo una Costa del Sol más íntima, luminosa y sorprendente, pintada por alguien que la miró con ojos de enamorado

domingo, 1 de noviembre de 2026

sábado, 31 de octubre de 2026

Calabazas de lana enrollada

Y seguimos con calabazas. Estas calabazas están hechas a mano con lana enrollada sobre una estructura de cartón, que les da forma y consistencia. El resultado es una decoración ligera, cálida y original, perfecta para el otoño o Halloween, con un encanto artesanal que ninguna calabaza de plástico puede igualar.



viernes, 30 de octubre de 2026

Calabazas de Halloween con limpiapipas

Una manualidad rápida, económica y muy visual para decorar en Halloween o en otoño. Con solo limpiapipas naranjas y verdes puedes crear calabazas con forma de espiral o de “esfera”, según el estilo que prefiera





miércoles, 28 de octubre de 2026

Araña de lana y limpiapipas para Halloween

Para hacer una araña de Halloween, enrolla lana negra alrededor de tus dedos, átala en el centro y corta los bucles para formar una bola esponjosa. Después, pega cuatro limpiapipas negros debajo, dóblalos como patas y añade ojos móviles.

Puedes decorarla con purpurina, una sonrisa de fieltro o colgarla con un cordel. El resultado es una araña tierna y espeluznante, perfecta para decorar la casa en Halloween.

lunes, 26 de octubre de 2026

Sevilla se viste de Kinpaku: el oro que convierte la luz en paisaje

En el silencio de un antiguo convento sevillano, el oro japonés encuentra un escenario a su medida. Kinpaku. Naturaleza, poder e imaginación en el arte japonés, instalada en el Espacio Santa Clara hasta el 10 de enero de 2027, reúne diez biombos y dieciséis abanicos de los siglos XVI al XIX procedentes de una colección privada rara vez exhibida al público.


La propuesta no se limita a exhibir objetos bellos: invita a contemplar cómo una lámina minúscula de oro —el kinpaku— puede convertir un biombo en un paisaje vivo, un abanico en un poema y una sala en un territorio de ensueño.


Un oro que no brilla: respira

El kinpaku no es simplemente un adorno. Al reflejar la luz de forma cambiante, hace que las superficies doradas parezcan moverse: un amanecer sobre el agua, la espuma de una ola, el destello de las hojas tras la lluvia. Esa cualidad lumínica es el corazón de la exposición.

En Japón, el oro fue mucho más que un material precioso. Durante los periodos Momoyama (1573–1615) y Edo (1615–1868), los grandes biombos dorados se convirtieron en símbolos de autoridad, prestigio y refinamiento, especialmente en los espacios de poder.


Biombos: arquitectura del paisaje

Los byōbu, o biombos japoneses, son las protagonistas absolutas de la muestra. Diseñados para dividir, proteger y embellecer estancias, funcionan como una arquitectura portátil del paisaje: bosques de bambú, peonías, hierbas otoñales, jaulas de insectos y escenas inspiradas en La historia de Genji despliegan ante el visitante mundos contenidos en paneles plegables.

La selección combina grandes composiciones pensadas para transformar una habitación con piezas más íntimas, destinadas a espacios personales. Así, el biombo deja de ser un simple mueble y se revela como una frontera móvil entre lo público y lo privado, entre la ceremonia y el recogimiento.


Abanicos: mitos en la palma de la mano

Los dieciséis abanicos completan el recorrido con una escala más delicada, pero igualmente evocadora. Sus motivos proceden de la mitología y la literatura japonesas: un fénix sobre un árbol de paulonia, la leyenda de Tōbōsaku y los melocotones de la inmortalidad, o una escena de La canción del eterno remordimiento.



Si los biombos construyen paisajes, los abanicos los condensan. En ellos, la naturaleza, el mito y la palabra caben en un objeto que puede abrirse como una flor y cerrarse como un secreto.



Kinpaku no pretende explicar Japón en una sola visita; pretende que lo escuchemos. En el silencio de Santa Clara, cada biombo despliega un paisaje suspendido y cada abanico guarda un mito entre sus pliegues. El oro, lejos de imponer su brillo, lo hace todo más íntimo: ilumina sin estridencias, sugiere sin gritar y transforma la mirada en un gesto de asombro

viernes, 23 de octubre de 2026

El Fantasma de Lana Blanca

En el desván más antiguo de la casa vive un fantasma especial hecho de suaves ovillos de lana blanca. Cada noche de octubre se desliza silencioso por las escaleras, dejando calidez en lugar de miedo.

Los niños lo esperan con curiosidad, sabiendo que trae historias tejidas con paciencia y sueños. A veces se enreda en las farolas o se columpia en telarañas como hamacas.

Quien lo ve de cerca dice que huele a lavanda y hogueras lejanas, y que su risa suena como lana al ser cardada. Si tienes suerte, te regala un pequeño pomponcito blanco como amuleto contra el frío.

Esta Halloween, no temas si ves una sombra blanca y lanuda: es el guardián textil de las noches otoñales, recordándote que incluso lo etéreo puede ser cálido y amable.


jueves, 22 de octubre de 2026

Ecos de Color: dos miradas que resuenan en la Sala Patricio

Ecos de Color es una exposición de pintura abstracta y referencial de María Llorente Morales y María Vázquez Espinosa, abierta en la Sala Patricio Art de Sevilla durante octubre de 2026. La muestra propone un diálogo entre dos lenguajes plásticos vinculados por el color, entendido no solo como pigmento, sino como memoria, emoción y resonancia visual.


Una exposición de vínculos

La propuesta reúne a dos artistas con una relación familiar —tía y sobrina— y, sobre todo, con una afinidad creativa. María Llorente Morales y María Vázquez Espinosa presentan obras en las que la abstracción convive con referencias reconocibles, invitando al espectador a moverse entre lo evocador y lo puramente sensorial.


El título funciona como clave de lectura: los colores no aparecen aislados, sino que dejan “ecos”. Un rojo puede recordar una luz cálida; un azul, una sombra mediterránea; un verde, un paisaje interior. La exposición se apoya en esa idea de continuidad entre lo que se ve y lo que se siente.

Color como lenguaje

En Ecos de Color, el color no es un simple recurso decorativo: es el elemento que articula la conversación entre las obras. La pintura abstracta permite liberar formas y ritmos, mientras que la vertiente referencial ancla algunas composiciones en sensaciones, lugares o experiencias compartidas.

Esta dualidad hace que la visita no exija una lectura única. Ante una misma obra, un espectador puede percibir un paisaje, un estado de ánimo o una vibración cromática; ante otra, quizá solo la tensión entre manchas, planos y contrastes. Esa apertura es precisamente uno de los atractivos de la muestra.

Ecos de Color encaja muy bien en la programación de la Sala Patricio Art, un espacio acostumbrado a apostar por propuestas pictóricas centradas en la luz, el cromatismo y la mirada personal de los artistas. En esta ocasión, la apuesta es especialmente íntima: no se trata solo de exhibir cuadros, sino de mostrar cómo dos generaciones y dos sensibilidades pueden encontrarse a través de un mismo interés por el color.

Para quien recorra Sevilla en octubre, la visita puede convertirse en un plan cultural breve pero estimulante: una parada en la Avenida de la Palmera para contemplar cómo el color puede actuar como memoria, paisaje y emoción.