Port Grimaud es un pueblo lacustre único en la Costa Azul: 14 kilómetros de canales, casas de colores y barcos amarrados frente a las puertas, construidos de la nada entre 1966 y 2008 sobre antiguos marjales en el golfo de Saint-Tropez.
El sueño de François Spoerry
En 1962, el arquitecto François Spoerry (1912–1999) compra 30 hectáreas de terreno pantanoso cerca de Grimaud con una idea clara: crear un lugar donde “una pequeña casa esté en el agua, con el barco amarrado delante de la puerta”, pero también un pueblo vivo todo el año, con habitantes, artesanos y comercios.
Frente al modernismo ortodoxo de posguerra, Spoerry defiende una “arquitectura douce”: densa, de escala peatonal, que recupera plazas, callejuelas y mercados, y pone en el centro la vida cotidiana. Port Grimaud es su gran experimento: islas y penínsulas unidas por canales, con unas 2.500 viviendas y casi todas con amarre propio.
Tomb of architect François Spoerry (1912-1999), creator of Port Grimaud, located in the Port Grimaud church.
Hoy Port Grimaud es un loteamiento lacustre integrado en el municipio de Grimaud (Var), reconocido como “Architecture contemporaine remarquable” por su valor arquitectónico del siglo XX.
Sus rasgos principales:
-Canales y casas sobre el agua: 14 km de canales que atraviesan el pueblo, con viviendas de estilo provenzal y mediterráneo agrupadas en pequeñas islas.
-Barcos como parte del paisaje: veleros, yates y pequeñas embarcaciones amarrados justo debajo de las ventanas.
-Calles peatonales y puentes: el coche queda fuera; dentro, el pueblo se recorre a pie, cruzando puentes y callejuelas que dan a plazas y pequeños muelles.
-Equipamientos de pueblo “real”: iglesia, plaza, comercios, restaurantes y servicios, no solo viviendas turísticas.
Qué hacer en Port Grimaud
-Paseo en barco por los canales: la excursión “Les Couches d’eau” recorre los canales en unos 20 minutos, con explicaciones sobre la historia y la arquitectura del pueblo (abril–noviembre).
-Alquilar un barquito eléctrico: navegar uno mismo por los canales señalizados, descubriendo rincones y reflejos imposibles de ver desde tierra.
-Recorrer el pueblo a pie: perderse por las callejuelas, cruzar puentes, observar las fachadas de colores, los balcones con macetas y los barcos amarrados justo debajo de las ventanas.
Si alguna vez pasas por el golfo de Saint-Tropez, vale la pena dedicar unas horas a Port Grimaud no solo para hacer fotos, sino para leer en su trazado la utopía de un arquitecto que quiso que la tierra y el agua vivieran juntas, y que la gente pudiera, literalmente, abrir la puerta de su casa y saltar a un barco






























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