En Utrera, donde el flamenco late en cada rincón, el grafiti de Fernanda y Bernarda brota como un cante vivo en la esquina de Laúd y Cristóbal Colón. Patricio Hidalgo lo pintó en 2023, 4 metros de alto por 10 de ancho en blanco y negro acrílico sobre la fachada del Área de la Mujer, capturando a las hermanas gitanas en plena soleá: faldas al viento, ojos fieros y ecos de Diego del Gastor entre sombras danzantes.
Nacidas en la calle Nueva, Fernanda (1923-1993) y Bernarda convirtieron Utrera en cuna universal del duende gitano, llevando su ronquera desde tablaos locales a escenarios americanos. Hidalgo, guiado por la familia, no copió fotos: inyectó el pellizco auténtico, haciendo del muro un tablao eterno que los niños del barrio ya saludan como a vecinas. Barnizado contra el paso del tiempo, al igual que el dedicado a Bambino, teje una red de homenajes callejeros que dialogan con la escultura de bronce de Pedro Hurtado desde 2005. Este grafiti no solo perpetúa sus voces; transforma el paisaje urbano en un archivo vivo del orgullo utrerano, atrayendo miradas curiosas de locales y visitantes que redescubren cómo el flamenco se clava en el hormigón para seguir resonando, generación tras generación.
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