sábado, 21 de marzo de 2026

Donde duerme el aroma del Azahar

Dicen que cada primavera, Sevilla despierta no por el sol, sino por un aroma que la levanta desde lo más profundo. Es el azahar, guardián invisible de sus calles, que abre los ojos de los balcones y hace cantar a las piedras antiguas.


Nadie lo ve llegar. Una noche el aire se vuelve más tibio, y al amanecer todo resplandece sin razón. El viento trae ese perfume que no pesa y, sin embargo, llena hasta el alma. Es la memoria lo que huele: amores que se juraron junto al Guadalquivir, risas que quedaron en patios dormidos, pasos que el tiempo no ha querido borrar.

El azahar no florece por sí mismo; florece para recordar. Cada flor es un secreto que la ciudad susurra al cielo, una oración blanca que nunca termina. Y cuando, al final, las flores caen sobre las losas y se confunden con la luz, Sevilla vuelve a cerrar los ojos, segura de que en un año exactamente volverá a soñar.

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