Entre sus manos, el hilo se transforma en devoción: punto a punto, nace un pequeño nazareno de ganchillo. Con su túnica cuidadosamente tejida y su capirote que asoma con sencillez, este diminuto muñeco simboliza la Semana Santa desde una mirada tierna y artesanal. No lleva pasos ni incienso, pero en cada hebra se nota la paciencia, el cariño y la fe con que fue creado. Es un homenaje a las procesiones que recorren nuestras calles, un recuerdo que une tradición y creatividad, tejido con el alma de quien ama su ciudad y sus costumbres

Que mono. Tiene hasta su cirio
ResponderEliminar