La sede de la Fundación Cajasol en Sevilla acoge estos días la que muchos consideran la gran exposición definitiva sobre Cayetano González (1896‑1975), uno de los nombres imprescindibles para entender la orfebrería cofrade del siglo XX. Bajo el título “Cayetano González (1896‑1975). Maestro de orfebres”, la muestra reivindica a un artista total cuya huella sigue viva en la estética de la Semana Santa sevillana y en el patrimonio devocional andaluz.
Un artista total en la Sevilla del regionalismo
Sobrino del arquitecto Aníbal González, el gran artífice de la Plaza de España, Cayetano se formó en un entorno familiar profundamente vinculado a las artes decorativas. Comenzó como dibujante y proyectista dentro del clima del regionalismo andaluz y del impulso creativo que supuso la Exposición Iberoamericana de 1929, afinando un ojo extraordinario para el detalle y la composición.
Desde la década de 1920 orientó su trabajo hacia las hermandades sevillanas, realizando encargos para Santa Cruz, el Valle, el Silencio o la Amargura, entre otras corporaciones. Aquella colaboración continuada con el mundo cofrade cristalizó en la apertura de su propio taller y en el reconocimiento generalizado de Cayetano González como auténtico “maestro de orfebres”.
Más allá de la plata y el oro
Aunque su nombre se asocia sobre todo a la plata y el oro, la exposición muestra hasta qué punto su creatividad desbordó cualquier etiqueta. Además de orfebre, trabajó el bordado, la rejería, la cerámica y la talla en madera, construyendo un lenguaje visual propio que integra lo barroco con ecos góticos, mudéjares y renacentistas dentro del historicismo del regionalismo andaluz.
Dotado de una capacidad de dibujo excepcional, legó un vasto repertorio de diseños, muchos inéditos hasta ahora, que revelan tanto su cultura visual como la solidez de su imaginación. Varios de estos dibujos se muestran junto a las piezas terminadas, permitiendo al visitante seguir el proceso creativo desde el croquis hasta la obra definitiva.
Una exposición antológica sin precedentes
La muestra, organizada por el Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla y la Fundación Cajasol, reúne alrededor de 250 obras entre piezas de orfebrería, esculturas, insignias procesionales, bordados, documentos y un amplio conjunto de dibujos originales. Es la primera gran exposición antológica dedicada al artista y aspira a convertirse en referencia imprescindible para el estudio del arte cofrade contemporáneo.
El recorrido se estructura en varias salas temáticas. En la Sala Velázquez se presenta una cuidada selección de diseños para distintas hermandades e instituciones, junto a piezas singulares como una guitarra con iconografía taurina y el monumental Sagrario de la parroquia de Omnium Sanctorum. Las salas Murillo reúnen obras vinculadas al culto eucarístico procedentes de Málaga, Écija y Sevilla, así como el conjunto escultórico del Misterio del Desprecio de Herodes de la Hermandad de la Amargura, que da cuenta de la faceta imaginera del taller.
En otro ámbito de la exposición se despliega una auténtica constelación de coronas, potencias y piezas de orfebrería de oro y plata pertenecientes al ajuar de imágenes tan veneradas como las de El Silencio, El Cachorro, la Esperanza de Triana o la Amargura. Para quienes buscan las grandes obras, uno de los momentos culminantes es la contemplación del paso de plata del Señor de Pasión, realizado con más de 200 kilos de plata, que dialoga en la muestra con el misterio de la Amargura y el Sagrario de Omnium Sanctorum.
El paso de Pasión y la revolución de las andas sevillanas
Si hay una obra que resume la ambición estética de Cayetano González es, sin duda, el paso procesional de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, que preside el patio principal de la exposición. Concebido como un verdadero retablo en movimiento, este paso marcó un antes y un después en la configuración de las andas procesionales sevillanas, tanto por su riqueza iconográfica como por la maestría técnica de su ejecución.
Realizado en plata, madera dorada y marfil, el paso se ha descrito como una de las grandes joyas de la orfebrería procesional andaluza. Su presencia fuera del contexto de la Semana Santa, en el espacio expositivo, invita a mirarlo con otros ojos: más allá de la devoción, se impone la lectura artística, la comprensión de su estructura, de los ritmos ornamentales y del diálogo que establece con la tradición barroca sevillana.
Un legado vivo para la Semana Santa
La lista de hermandades que guardan obras de Cayetano González es amplia: El Silencio, la Amargura, el Amor, Pasión, Calvario, Gran Poder, Jesús Despojado y muchas otras corporaciones conservan piezas surgidas de su trazo y su cincel. En ellas se percibe un estilo reconocible, que ha influido en varias generaciones de artesanos y que resulta clave para entender la estética actual de la Semana Santa sevillana
Por qué visitar “Cayetano González. Maestro de orfebres”
Acercarse a esta exposición es entrar en el taller de un creador que supo combinar tradición e innovación, devoción y vanguardia, oficio y sensibilidad. Para el público cofrade, supone un reencuentro con piezas muy queridas, ahora vistas con la calma y la proximidad que permite la sala de exposiciones; para el visitante no iniciado, es una puerta privilegiada al universo del arte sacro sevillano y a una forma muy particular de entender la belleza y lo sagrado.
Quien recorra sus salas descubrirá que, detrás de cada corona, cada respiradero y cada dibujo, hay una mirada capaz de tallar la luz y convertir el metal en un lenguaje de fe, ciudad y memoria. En tiempos en los que la artesanía lucha por mantener su espacio, la figura de Cayetano González emerge como recordatorio de que el arte, cuando nace del oficio y la pasión, trasciende su tiempo para seguir hablando a quienes se acercan a contemplarlo.











Divino
ResponderEliminar