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jueves, 22 de octubre de 2026

Ecos de Color: dos miradas que resuenan en la Sala Patricio

Ecos de Color es una exposición de pintura abstracta y referencial de María Llorente Morales y María Vázquez Espinosa, abierta en la Sala Patricio Art de Sevilla durante octubre de 2026. La muestra propone un diálogo entre dos lenguajes plásticos vinculados por el color, entendido no solo como pigmento, sino como memoria, emoción y resonancia visual.


Una exposición de vínculos

La propuesta reúne a dos artistas con una relación familiar —tía y sobrina— y, sobre todo, con una afinidad creativa. María Llorente Morales y María Vázquez Espinosa presentan obras en las que la abstracción convive con referencias reconocibles, invitando al espectador a moverse entre lo evocador y lo puramente sensorial.


El título funciona como clave de lectura: los colores no aparecen aislados, sino que dejan “ecos”. Un rojo puede recordar una luz cálida; un azul, una sombra mediterránea; un verde, un paisaje interior. La exposición se apoya en esa idea de continuidad entre lo que se ve y lo que se siente.

Color como lenguaje

En Ecos de Color, el color no es un simple recurso decorativo: es el elemento que articula la conversación entre las obras. La pintura abstracta permite liberar formas y ritmos, mientras que la vertiente referencial ancla algunas composiciones en sensaciones, lugares o experiencias compartidas.

Esta dualidad hace que la visita no exija una lectura única. Ante una misma obra, un espectador puede percibir un paisaje, un estado de ánimo o una vibración cromática; ante otra, quizá solo la tensión entre manchas, planos y contrastes. Esa apertura es precisamente uno de los atractivos de la muestra.

Ecos de Color encaja muy bien en la programación de la Sala Patricio Art, un espacio acostumbrado a apostar por propuestas pictóricas centradas en la luz, el cromatismo y la mirada personal de los artistas. En esta ocasión, la apuesta es especialmente íntima: no se trata solo de exhibir cuadros, sino de mostrar cómo dos generaciones y dos sensibilidades pueden encontrarse a través de un mismo interés por el color.

Para quien recorra Sevilla en octubre, la visita puede convertirse en un plan cultural breve pero estimulante: una parada en la Avenida de la Palmera para contemplar cómo el color puede actuar como memoria, paisaje y emoción.

viernes, 16 de octubre de 2026

Manolo García en Sevilla: avivar la creatividad desde dentro

Hay artistas que necesitan expresarse en más de un lenguaje. En Manolo García, la música nunca ha sido la única forma de crear: antes de los escenarios, las canciones y los focos ya existía una vocación plástica, una manera de mirar el mundo a través del dibujo, la pintura y la escultura.


Esa faceta menos conocida puede descubrirse ahora en “Atizar lumbre interior”, la primera exposición de Manolo García en Sevilla. La muestra, organizada por la Fundación Cajasol, reúne una selección de obras recientes y propone un recorrido por el universo visual de un creador que entiende el arte como una necesidad vital.

Una exposición nacida de la necesidad

El título de la muestra funciona como una declaración de intenciones. “Atizar la lumbre interior” significa alimentar aquello que permanece encendido dentro de nosotros: la imaginación, la sensibilidad, la rebeldía y el deseo de seguir creando.

Para Manolo García, pintar no parece ser una actividad ocasional ni un simple complemento de su carrera musical. Es una forma de recogimiento y, al mismo tiempo, de libertad. Frente al ritmo de los conciertos y las exigencias de la vida pública, el estudio se convierte en un espacio íntimo donde experimentar sin depender de las expectativas del público.

En una de sus declaraciones durante la inauguración, el artista resumió esa necesidad con una frase especialmente reveladora: “Pinto y canto para sufrir menos”. La pintura aparece así como una herramienta para transformar la inquietud en color, materia e imaginación.

Un mundo de símbolos

La exposición reúne pinturas y esculturas en las que se reconocen algunos de los motivos habituales del imaginario de Manolo García: árboles, hojas, agua, lunas, piedras, ramas, rostros, máscaras y figuras que parecen habitar un territorio entre lo real y lo soñado.

Sus composiciones no buscan reproducir la realidad de manera objetiva. Más bien la reinterpretan. Los elementos naturales se convierten en símbolos y las figuras parecen emerger de un paisaje interior, cargado de misterio, memoria y emoción.

En sus obras conviven la figuración, el tono onírico y ciertos ecos surrealistas. Hay imágenes que evocan la naturaleza, pero también una preocupación por el mundo contemporáneo y por las heridas de la sociedad. El color no elimina la oscuridad; la atraviesa y la transforma.

Por eso, detrás de la aparente vitalidad de sus cuadros puede percibirse una mirada crítica. El artista ha señalado que su obra contiene conciencia social e impotencia ante la injusticia, aunque también una voluntad de resistencia y esperanza.

Del escenario al lienzo

Acercarse a esta exposición permite comprender que la música y la pintura de Manolo García no son universos completamente separados. En ambas aparecen la poesía, la naturaleza, el viaje, la melancolía y la búsqueda de una belleza que no sea superficial.

Sus canciones han construido durante décadas un lenguaje basado en imágenes sugerentes y asociaciones inesperadas. En sus pinturas sucede algo parecido: los elementos no siempre cuentan una historia cerrada, sino que invitan al espectador a completar el significado.

Un árbol puede ser un árbol, pero también una figura humana. Una máscara puede aludir al teatro, a la identidad o a las apariencias. Una luna puede funcionar como paisaje, recuerdo o refugio. Esa ambigüedad es una de las claves de la muestra: cada visitante puede establecer su propio diálogo con las obras.

Una mirada comprometida

Aunque la exposición nace de una experiencia personal, no permanece encerrada en la intimidad del artista. Muchas de las piezas reflejan una preocupación por la relación entre el ser humano y su entorno, por la naturaleza y por la pérdida de ciertos vínculos con una vida más pausada.

En un presente marcado por la velocidad, la sobreexposición y el ruido constante, la propuesta de Manolo García reivindica la necesidad de detenerse. Mirar un cuadro, trabajar con las manos, observar una rama o dejar que una imagen se transforme lentamente son actos que recuperan una dimensión más reflexiva de la existencia.

La pintura se convierte, de este modo, en una forma de resistencia. No una resistencia estridente, sino silenciosa y persistente: la de quien continúa imaginando a pesar de todo.

domingo, 11 de octubre de 2026

Ceniza y lava: cuando la erupción de La Palma se convierte en exposición en Sevilla

La Casa de la Ciencia de Sevilla acoge Ceniza y lava. Revelaciones científicas junto al volcán, una exposición inmersiva que traslada al visitante al corazón de la erupción del Tajogaite (Cumbre Vieja, La Palma, 2021) para mostrar cómo trabajó la ciencia durante y después de esos 85 días que transformaron la isla.

De qué va la exposición

La muestra no es solo un repaso a la erupción, sino un relato del trabajo científico en tiempo real: cómo se midió, se monitoreó y se interpretó un fenómeno volcánico desde tierra, mar y aire, con los materiales, instrumentos y metodologías que usaron los equipos del CSIC y otras instituciones.

El punto de partida es la erupción iniciada el 19 de septiembre de 2021, que duró 85 días, emitió enormes volúmenes de ceniza y lava, destruyó viviendas e infraestructuras, afectó a terrenos agrícolas y llegó al mar, donde formó nuevos deltas lávicos. A partir de ese episodio, la exposición explica cómo la comunidad científica analizó el fenómeno de forma continuada para comprender sus efectos y evolución.

Qué se puede ver (y experimentar)

La propuesta está diseñada para ser inmersiva e interactiva. Entre los contenidos más llamativos se encuentran:

  • Una recreación caleidoscópica de un tubo de lava volcánica, que permite “adentrarse” en el interior de una colada y entender cómo se forman estas estructuras.

  • Una réplica del puesto de mando avanzado, el centro operativo desde el que se coordinaban mediciones, muestreos y decisiones durante la crisis.

  • La posibilidad de escuchar el sonido del volcán, una experiencia sonora impactante que ayuda a percibir la energía liberada durante la erupción.

  • La observación de materiales expulsados por el volcán (cenizas, piroclastos, lavas), que ilustran la diversidad de productos volcánicos y su relación con el tipo de erupción.


La exposición subraya el papel del conocimiento científico en la interpretación de los procesos naturales, mostrando que detrás de cada titular sobre “el volcán” hay equipos trabajando con datos, modelos y muestreos en condiciones extremas

sábado, 10 de octubre de 2026

Sevilla con nombre de mujer: una ciudad contada a través de sus protagonistas

Hay ciudades que se explican mediante sus monumentos, sus plazas o sus grandes acontecimientos. Sevilla, sin embargo, también puede recorrerse a través de sus mujeres: figuras históricas, artistas, religiosas, escritoras, cantantes y personajes populares que han contribuido a construir su memoria y su identidad.


Con esta mirada nace “Sevilla con nombre de mujer”, una exposición colectiva que puede visitarse en el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, en la calle Sierpes, 65, del 1 al 11 de octubre de 2026. La muestra reúne la obra de 32 artistas y propone un recorrido plural por distintas mujeres vinculadas a la ciudad, ya sea por su nacimiento, por su trayectoria o por la huella que dejaron en la cultura sevillana.



Una galería de mujeres y memorias

La exposición no presenta una única imagen de Sevilla. Al contrario, ofrece una visión diversa y poliédrica, en la que conviven santas, aristócratas, artistas, escritoras, cantaoras, actrices y personajes de la tradición popular.


Entre las protagonistas aparecen Justa y Rufina, símbolo de la identidad religiosa y legendaria de la ciudad; Itimad al-Rumaiquiya, vinculada a la Sevilla andalusí; la Bella Susona, cuya historia pertenece al imaginario popular; y Catalina de Ribera, relacionada con uno de los grandes linajes y espacios patrimoniales de la ciudad.

También están presentes figuras como Luisa Roldán, “La Roldana”, una de las escultoras más importantes del Barroco; Santa Ángela de la Cruz, cuya labor social y espiritual permanece profundamente arraigada en Sevilla; y Carmen la Cigarrera, personaje convertido en mito literario y operístico.

La nómina se completa con nombres esenciales de la cultura popular, como Pastora Imperio, Juana Reina, Marifé de Triana, Lola Flores, Carmen Sevilla, Matilde Coral e Isabel Pantoja. Cada una representa una forma distinta de entender el arte, la personalidad y la proyección de Sevilla.

Más allá del homenaje

Uno de los principales atractivos de la muestra es que no se limita a reunir retratos femeninos. Su propósito parece ser más ambicioso: recuperar historias, reivindicar presencias y recordar que la identidad de una ciudad también se construye a partir de nombres de mujeres que durante mucho tiempo ocuparon un espacio secundario en los relatos oficiales.

Las obras abordan a las protagonistas desde perspectivas históricas, literarias, artísticas, sociológicas y religiosas. Esa variedad permite que el visitante no contemple únicamente imágenes, sino también diferentes interpretaciones de una misma ciudad.

Sevilla aparece así como un escenario habitado por mujeres con trayectorias muy distintas. Algunas pertenecieron a épocas lejanas; otras siguen formando parte de la memoria colectiva. Unas fueron reconocidas en vida, mientras que otras quedaron envueltas en la leyenda. Todas, sin embargo, tienen algo en común: su nombre continúa asociado a la ciudad.

Una exposición para mirar de otra manera

Visitar “Sevilla con nombre de mujer” supone acercarse a la historia local desde una perspectiva más amplia y enriquecedora. La exposición invita a preguntarse quiénes aparecen en la memoria de Sevilla, quiénes han sido olvidadas y qué relatos merecen ser recuperados.

También propone un diálogo entre pasado y presente. Las mujeres representadas no pertenecen a un único periodo ni a un solo ámbito social. Son figuras religiosas y profanas, aristocráticas y populares, reales y legendarias. Juntas componen un mosaico que refleja la complejidad de Sevilla y su extraordinaria capacidad para convertir la vida, el arte y la tradición en patrimonio.

En este sentido, la muestra no solo celebra a sus protagonistas. También celebra la propia ciudad: una Sevilla que se reconoce en sus nombres femeninos y que, al hacerlo, descubre nuevas formas de contarse a sí misma.

viernes, 9 de octubre de 2026

Arbóreo: cuando un tronco deja de ser madera y se convierte en archivo

La exposición Arbóreo. Los árboles nos cuentan su vida, en la Casa de la Ciencia de Sevilla (CSIC), invita a leer los árboles como si fueran libros: cada anillo, cada herida y cada cambio de forma en el tronco cuenta una historia del ejemplar y del paisaje en el que creció.

De qué va la exposición

La propuesta parte de una idea tan sencilla como potente: un tronco no es solo madera, sino un archivo natural donde quedan registradas la vida del árbol y las condiciones ambientales y ecológicas de su territorio. A partir de ahí, la muestra funciona como una introducción a la dendrocronología, la ciencia que estudia los anillos anuales de crecimiento de árboles y arbustos leñosos para situarlos en el tiempo y reconstruir su historia.

En la práctica, esto significa aprender a interpretar:

-La distribución y anchura de los anillos (años buenos y malos de crecimiento).

-Las heridas, deformaciones y respuestas del tronco al viento, la nieve, el fuego o la sequía.

-Las señales externas e internas que revelan obstáculos superados y cambios en el entorno.

Qué se puede ver (y tocar)

La exposición se monta a partir de la colección ARBÓREO, que reúne más de 970 referencias de árboles y arbustos de 98 especies, en su mayoría silvestres de la Península Ibérica, con especial peso del Pirineo aragonés. En total, la colección supera las 1.500 piezas, todas procedentes de ejemplares muertos o caídos por causas naturales o talas, sin que se haya dañado ningún árbol vivo para la muestra.

Entre las piezas destacan:

-Un fragmento de viga procedente de la construcción del Hospital Real de Granada.

-Troncos y secciones de cedro, haya, álamo negro, higuera y otras especies.

-Una rama de sabina negral de más de 1.200 años, que “contempló” la evolución de Huesca desde su altura.

-Dibujos originales, ejemplares de fauna ibérica y maderas fósiles que complementan la narrativa de la exposición.

Uno de los puntos fuertes es la “mesa tacto”, una zona interactiva donde se puede tocar, oler y observar distintas maderas, percibiendo la textura de los anillos y los aromas de compuestos volátiles que los árboles usan como defensa contra plagas y enfermedades

sábado, 26 de septiembre de 2026

Jábegas de nuestra costa: la tradición marinera en miniatura llega al Ayuntamiento de Torremolinos

Torremolinos acoge estos días una exposición muy especial: “Jábegas de nuestra costa”, del artista Juan Antonio Quiles García. La muestra reúne pequeñas embarcaciones de madera elaboradas artesanalmente, una propuesta que permite acercarse a la historia marinera de Málaga desde una mirada minuciosa, artística y llena de sensibilidad.

Un homenaje al mar de Málaga

La jábega es mucho más que una embarcación tradicional. Forma parte de la identidad de numerosos pueblos del litoral malagueño y está estrechamente vinculada a la vida de los antiguos pescadores, a las faenas en el mar y a la cultura de nuestras playas.

A través de sus reproducciones en miniatura, Juan Antonio Quiles recupera la imagen de aquellas barcas que durante generaciones surcaron la costa malagueña. Cada pieza recuerda un tiempo en el que el mar era fuente de trabajo, encuentro y sustento para muchas familias.

La exposición invita al visitante a detenerse y observar. Aunque las embarcaciones son pequeñas, contienen una gran historia: la de un patrimonio marítimo que forma parte de la memoria colectiva de nuestra provincia.

Artesanía, precisión y memoria

Uno de los aspectos más llamativos de la muestra es el trabajo artesanal que hay detrás de cada modelo. Las barquitas, realizadas en madera, reproducen con gran cuidado las formas, los detalles y el carácter de las jábegas tradicionales.

El resultado es una colección delicada, en la que se unen la paciencia del artesano y el respeto por la tradición. La madera aporta calidez a las piezas y hace que cada embarcación parezca conservar algo de la esencia de aquellas barcas originales: el olor a mar, el esfuerzo de los pescadores y el movimiento constante de las aguas de la Costa del Sol.

Contemplar estas miniaturas es, en cierto modo, contemplar el mar desde otra perspectiva. No desde la orilla ni a bordo de una embarcación, sino a través de objetos cuidadosamente construidos que condensan años de historia en unos pocos centímetros.

Torremolinos y su vínculo con el litoral

La elección del Ayuntamiento de Torremolinos como espacio expositivo resulta especialmente significativa. La ciudad mantiene una relación muy estrecha con el Mediterráneo, sus playas y sus antiguas tradiciones pesqueras.

Barrios como La Carihuela conservan todavía parte de ese vínculo con el mar. Sus restaurantes, sus calles y su paisaje recuerdan el pasado marinero de la localidad, cuando las jábegas formaban parte habitual de la vida cotidiana.

Por eso, “Jábegas de nuestra costa” no es únicamente una exposición de maquetas. También es una oportunidad para reflexionar sobre cómo han cambiado nuestras ciudades costeras y sobre la importancia de conservar las costumbres que explican quiénes somos.

Una pequeña exposición con una gran historia

“Jábegas de nuestra costa” demuestra que no siempre son necesarias grandes instalaciones para contar historias importantes. En este caso, unas pequeñas barcas de madera bastan para evocar la relación entre los malagueños y el mar.

La exposición de Juan Antonio Quiles García es una invitación a mirar despacio, a valorar el trabajo artesanal y a recordar que nuestras tradiciones también pueden navegar en miniatura.

Porque, aunque estas jábegas no se hagan a la mar, sí consiguen algo muy parecido: llevarnos de viaje por la memoria de nuestra costa.