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lunes, 19 de enero de 2026

Arte urbano en Lisboa: Bordalo II y sus bestias de basura

Lisboa se ha consolidado como uno de los epicentros europeos del arte urbano, con barrios céntricos y periféricos convertidos en galerías vivientes donde murales, grafitis e instalaciones dialogan con la historia obrera y la crisis ecológica de la ciudad. En este vibrante ecosistema destaca Bordalo II, el artista que transforma basura en esculturas monumentales de animales para denunciar el consumo desmedido, con obras emblemáticas tanto en el corazón turístico como en las afueras como Chelas. Su enfoque une estética, reciclaje y activismo, invitando a rutas que recorren desde el centro hasta las periferias industriales.






Evolución del street art lisboeta

Lisboa ha pasado de ver el arte urbano como vandalismo a celebrarlo como patrimonio contemporáneo, con el Ayuntamiento impulsando galerías callejeras en zonas como Barrio Alto, LX Factory y Alcântara. En las afueras, barrios como Chelas y Marvila han emergido como focos de intervenciones colectivas que revitalizan espacios marginados. Eventos como el MURO Festival en Bairro Padre Cruz o el Cor de Chelas convierten estas áreas en galerías abiertas, atrayendo visitantes que combinan exploración urbana con reflexión social.


Bordalo II: del grafiti a la escultura residual

Artur Bordalo (Lisboa, 1987), nieto de un pintor y exestudiante de Bellas Artes, rinde homenaje a su abuelo con el nombre Bordalo II y ha llevado sus obras a ciudades globales. Comenzó con aerosoles en la calle y evolucionó hacia esculturas hechas de residuos —llantas, plásticos, chatarra— recolectados en vertederos, bajo el lema “la basura de uno es el tesoro de otro”. Su práctica fusiona collage, pintura y escultura para cuestionar la obsolescencia y el impacto ambiental, posicionándolo como referente del arte urbano ecológico.

Chelas y Estrada de Chelas: Bordalo Park

En las afueras orientales, Estrada de Chelas brilla con el festival Cor de Chelas (2024), curado por Bordalo II, que reunió a Vhils, Okuda, Daniela Guerreiro y otros en murales e instalaciones sobre fachadas grises de bloques obreros. Apodado Bordalo Park, este tramo periférico ahora vibra con mensajes ambientales y sociales, promoviendo cohesión en un barrio históricamente estigmatizado. Cerca, Marvila extiende la escena con grafitis en antiguas fábricas que narran su transición industrial a creativa.


Si os fijais, vereis que está hecho con trozos de plástico, tuberías, neumáticos, vallas..


El cerdo mitad de Bordalo II, mitad de Okuda San Miguel


El Mono mitad Bordalo II, mitad Vhils


Obras icónicas de Bordalo II en la ciudad

Sus animales —linces, mapaches, pelícanos, abejas— construidos con la misma basura que amenaza su existencia, miran al espectador con ternura acusadora. En el centro, pelícanos junto al Elevador de Santa Justa y una abeja en LX Factory capturan la atención turística. En las afueras, un lince ibérico de diez metros en Parque das Nações denuncia la conservación en el entorno del Tajo, un mapache en Belém y piezas en Alcântara y Avenida de Ceuta completan su mapa lisboeta.





El oso panda de neumáticos

En definitiva. en las calles de Lisboa, Bordalo II nos enseña que el arte nace de lo desechado, invitándonos a mirar dos veces nuestra propia basura.



miércoles, 14 de enero de 2026

El Museo del Fado: el latido melancólico de Lisboa

El Museo del Fado de Lisboa es un rincón esencial para entender el alma portuguesa. Situado en el corazón de Alfama, este espacio celebra la música que define la identidad lisboeta desde hace más de dos siglos.


Historia y origen

Inaugurado en 1998, el museo ocupa un edificio histórico de 1868, antigua estación de bombeo de agua ahora declarada monumento nacional. Su misión va más allá de la exposición: investiga, conserva y promueve el fado, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2011. Recoge la evolución del género desde sus raíces urbanas en Alfama hasta su esplendor internacional.



Qué ver en el interior

La exposición permanente incluye guitarras portuguesas, violas, partituras antiguas, trajes de Amália Rodrigues —la fadista más icónica— y fotos, carteles y documentos que narran su historia. Destacan obras de artistas como José Malhoa y Rafael Bordalo Pinheiro, junto a trofeos y discos. Audioguías gratuitas y estaciones interactivas facilitan la visita, ideal incluso para quienes descubren el fado por primera vez.


El Museo cuenta con un auditorio de 90 plazas para conciertos, una escuela de guitarra portuguesa y viola, un centro de documentación, sala de grabación, cafetería y tienda de discos. Organiza talleres, seminarios, presentaciones de libros y fado en vivo, convirtiéndolo en un espacio vivo y multicultural.


Pude visitar la exposición temporal "Variações para Carlos Paredes", dedicada al legendario guitarrista portugués Carlos Paredes , colaborador de Amália Rodrigues.


En Alfama, donde nació el fado, este museo captura su esencia de saudade y pasión. Perfecto para un viajero cultural como tú, que aprecia el patrimonio vivo antes de un concierto nocturno.

lunes, 12 de enero de 2026

Lisboa en primera persona

Visitar Lisboa fue como entrar en una postal con olor a café y sonido de tranvías. Llegué una mañana luminosa y lo primero que me recibió fue la Praça do Comércio, amplia, elegante y bañada por la luz del Tajo. Frente al Arco da Vitória, entendí por qué llaman a Lisboa la ciudad de la luz: todo brilla con suavidad, incluso las sombras.




De allí subí hacia el barrio de Chiado. Quería empezar el recorrido en A Brasileira, una cafetería mítica donde el tiempo parece haberse detenido. Mientras tomaba un café fuerte junto a la estatua de Fernando Pessoa, observé el ir y venir de la gente. Hay algo especial en ese lugar: una mezcla de melancolía y vida cotidiana que define muy bien el espíritu lisboeta.



Continué hacia el Elevador de Santa Justa. Desde lo alto, la vista es espectacular: tejados rojizos, el río al fondo y un laberinto de calles que parece moverse lentamente. Bajé para subirme a uno de los tranvías antiguos, esos amarillos que chirrían en cada curva. Es la mejor forma de entender la ciudad: Lisboa no se recorre, se desliza.


El tranvía me llevó hasta la Catedral, o simplemente “la Sé”. Su interior, sobrio y fresco, guarda el silencio de los siglos. Afuera, el sonido de las campanas parecía marcar un ritmo propio, diferente al del resto del mundo.

Después de tanto subir y bajar colinas, terminé en los Jardines de Marquês de Pombal, donde la ciudad parece respirar con más calma. El entorno es más amplio, más ordenado, casi una pausa verde antes de volver al bullicio.


Al caer la noche, Lisboa me regaló una de sus caras más curiosas: la Calle Rosa. Las luces de neón, el suelo pintado y la mezcla de música local e internacional crean un ambiente alegre y despreocupado. Tomé algo en una terraza y pensé en cómo esta ciudad logra unir pasado y presente sin perder su esencia.


Regresé al hotel con esa sensación de haber recorrido no solo una ciudad, sino un estado de ánimo. Lisboa tiene eso: combina nostalgia y vitalidad, y deja un rumor en el alma que uno se lleva a casa como una canción que no se olvida.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Lisboa

Viajar al país luso es toda una experiencia para los cinco sentidos.El suave clima y la influencia del Atlántico dotan a Portugal de unos paisajes únicos en Europa, el carácter de los portugueses, la infinidad de platos que configuran su gastronomía, el imponente patrimonio artístico y monumental que alberga el país y la inmensa infraestructura turística que posee harán de su viaje al país vecino una de las experiencias más enriquecedoras de su vida.

La capital de Portugal es una ciudad agradable y acogedora que os dejará un recuerdo inolvidable..


Descubriremos el Barrio de la Alfama, el barrio más viejo de Lisboa, que sobrevivió al terremoto de 1755.

Veremos la Baixa, el corazón de la ciudad y el distrito comercial de Lisboa.



Otros monumentos importantes son la Torre de Belém, el Monasterio de los Jerónimos y el monumento a los Descubrimientos, construido en 1960 para conmemorar la muerte de Enrique, el navegante..


Y por supuesto el Parque Eduardo VII con sus setos pulcramente recortados, desde cuyo mirador se goza de una maravillosa vista de la ciudad..