miércoles, 21 de enero de 2026

Évora: La Perla Eterna del Alentejo Portugués

Évora, la joya histórica del Alentejo portugués, es una ciudad milenaria declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986. Fundada por los romanos en el siglo I a.C. como Ebora Liberalitas Julia, conserva un legado arquitectónico que abarca desde ruinas imperiales hasta capillas macabras del Renacimiento. Su ambiente sereno y sus callejuelas empedradas la convierten en un destino ideal para amantes de la historia y la cultura, accesible desde Sevilla en unas tres horas en coche.



Historia Antigua

Évora prosperó bajo Roma como centro comercial y religioso, con su Templo de Diana —un corintio ejemplar del siglo I d.C.— erigido posiblemente en honor al emperador Augusto. Tras la caída romana, pasó por manos visigodas, árabes y medievales, reconquistada en 1165 por Geraldo Sempavor, quien le dio nombre a su plaza principal. En los siglos XV-XVI, como segunda capital portuguesa, albergó cortes reales, la Universidad jesuita (hoy clausurada) y un auge palaciego antes de la unión con España.


Monumentos Clave

El Templo Romano domina el skyline con sus 14 columnas de granito sobre un podio de 3,5 metros, intacto pese a usos posteriores como matadero. La Catedral de Évora (Sé), gótica del siglo XII-XIV, es la más grande de Portugal, con fachadas robustas y un museo de arte sacro en una de sus torres. La Capilla de los Huesos en la Iglesia de San Francisco impacta con más de 5.000 cráneos y fémures dispuestos en arcos, bajo la inscripción "Nos ossos que aqui estamos, pelos vossos esperamos".





Murallas y Acueducto

Las murallas medievales, con la cerca-vieja romana del siglo III y la medieval posterior, rodean el núcleo histórico; recórralas a pie para ver puertas como la de Dona Isabel. El Acueducto de Água de Prata, del siglo XVI, suministraba agua durante 18 km con sus arcos imponentes, aún visibles en las afueras


Évora invita a perderse en sus murallas milenarias, donde cada piedra narra siglos de gloria romana, fe gótica y misterio esotérico, dejando en el alma del visitante un eco eterno del Alentejo







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