En las torres de la Giralda de Sevilla vivía una cigüeña llamada Concha, famosa por su pico reluciente y sus plumas blancas impecables. Un día, vio a un grupo de golondrinas construyendo un nido modesto pero acogedor junto al Guadalquivir. "¡Qué feo y pequeño!", se burló Concha desde lo alto. "El mío es el mejor, porque yo soy la más elegante".
Pronto llegó una tormenta feroz con rayos y viento del Atlántico. El nido presumido de Concha, todo adornos y sin raíces firmes, se voló entero. Las golondrinas, en cambio, compartieron su refugio sencillo y la invitaron a entrar. Concha aprendió que la verdadera belleza está en la solidez y la humildad, no en las apariencias.
Moraleja: La presunción construye castillos de aire; la humildad te da un techo cuando arrecian las tormentas.
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